FANUM



Entro en tu templo
otra vez, maldiciéndome.
Delimitado por acacias

no es mucho más que un claro
con ramas negras por techo.
Siempre recién iniciado

en tus nombres, renovado
en los oficios a ti, puedo pedir
que también tú

entres en cierto templo
sosteniendo el corazón
como una urna,

derrames el agua y en ella
agradezcas esta imagen,
que seas tú la que allí

repite mi obsesión.



TRIÚNICO



Tres cabezas: tres formas
de perderse por el mismo mapa.
En uno algo reclama vivir,
algo quiere llorar
y algo busca un orden
del que ser el primero.
El peor perro para guardar
una casa, las sinapsis
todas en contradirección,
el destello de sus accidentes
quemando como naves
en el espacio.


'Folk', de Fruela Fernández

    

Folk
Fruela Fernández
Pre-Textos, Poesía, 2013
45 páginas


(reseña originalmente publicada en Quimera nº 355) 










Un paisaje difícil


Cada libro puede pedir, incluso imponer, una poética específica para ser leído. Los textos más extraños (de Joyce, de Mallarmé, de Eliot) habrán requerido esa actitud abierta por parte del lector, con la promesa de que la dificultad estaba justificada. Folk, de Fruela Fernández, pide bastante esfuerzo por parte de sus lectores. Casi siempre lo compensa.
    Folk es un poemario unitario en cuanto a tonos y temas. Hay paisajes verdes y lluviosos, hay mineros en huelga, hay citas en asturiano, todo enmarcado en un ambiente rural. El título del libro es justo: el conjunto de todos estos elementos construye una visión folk de una Asturias pública y familiar. El autor es hábil en el uso de los toques costumbristas, seguramente porque para él no son tales, sino vivencias personales que sólo debe recordar. En la serie de cinco poemas titulada 'Injertos' lo cotidiano se transforma, con naturalidad, en sencilla e intensa poesía: 'Cuando sal tu güelu / vien-y un raitán / a poles migues // Tartamudea / su paso / por el patio // Hay turno / de pájaros // Son los nuestros clientes, ¿no sabíes?' Otros poemas, como 'La bolsa / el fardo' o el que empieza con los versos 'Ciento cincuenta y dos / parados menos / el mes de abril' abordan temas sociales sin una perspectiva comprometida (que tan perjudicial puede resultar para la literatura), sino desde detalles humanos, no abstractos: 'es fácil volverse temporero, / gastando de autobús / la rabadilla, / corvando / la piel / según el plástico.' La imagen es memorable y da una medida exacta de qué significa viajar horas de autobús hasta el trabajo.
    He mencionado antes un esfuerzo de lectura. Los mejores poemas de Folk son aquellos en que los toques de luz y sombra están equilibrados, y una forma algo desdibujada (versos rotos, guiones inesperados, cursivas) va en consonancia con el tono alusivo del total. El poema que abre el libro es un buen ejemplo y empieza con estos logrados versos: 'Aquí donde dicen / marzo al cuervo / y septiembre al centeno, // donde la nieve deja el trazo / de una guerra en pausa / y las hormonas del hielo vienen a cubrir la arena.' Vemos un lugar y captamos un sentimiento. Cuando el poema acaba con 'nuestro abrazo / dormido', no nos preguntamos de quién es ese abrazo: hemos entrado en el humor de la imagen y no hace falta saber más. Sin embargo, otras veces parece que el autor ha intentado esconder su tema como tras un plástico, especialmente cuando la versificación o la sintaxis rota provoca la dispersión de ideas e imágenes. Pienso en 'La rodilla del rey': 'El sol es artesano // Pie Leve, Hecho Justo // El sol da un vale de carbón // Tuerto de mortero / anda en la playa, tras la cerca, entre el alambre.' El lector mejor dispuesto puede verse confundido por rarezas que corren el riesgo de parecer injustificadas. Un poema puede entenderse de muchas maneras, y la manera lógica es sólo una; pero los recursos de un poema han de servir para dejar una impresión, no para obstaculizarla. Es decir, si escribir con rodeos y alusiones no favorece el resultado, entonces quizás el poema necesite otra forma.
    El poema en prosa 'Cuatro de interior (cuaderno)' es un emblema de los registros que el libro trata de manejar. A través de unos párrafos aparentemente inconexos se sugieren fragmentos de una realidad opaca y sólo entrevista primero desde una habitación y luego en la calle. El resultado es ciertamente sugerente pero también un poco desigual. Frente a impresiones potentes como estas: 'Orbaya. Golpea. En la capota de plástico que cubre el tendal. Sobre restos de pájaro. Contra el cedé que mueve la cuerda de la ropa. Abajo, una canción. La misma.', hay otras que se desvanecen: 'Ya ves, la dieron un tirón con una moto. Donde Mar de Cristal. Microfichas. Un rasquido, un centrifugado. Bosteza. Con precisión. Tos de la tarde.'
    Folk es el diálogo privado que un observador mantiene con su pueblo, diálogo al que asistimos a veces sin captar del todo las referencias personales, o sin saber cuándo estamos ante una. El conjunto es sugerente y original, y deja sentimientos encontrados. Vale la pena esperar el próximo libro de Fruela Fernández: ser difícil es un arte difícil.