Sueño del 25 de octubre


He escrito un cuento de ciencia ficción. Aunque me muestro desanimado con el resultado, Mar me dice que el cuento gustó a quienes lo leyeron. Yo sólo recuerdo el final del relato, que visualizo claramente: un astronauta camina por una llanura de luz blanca, seguramente la superficie de un planeta, en dirección a un punto azul suspendido en el horizonte. La oscuridad del espacio es patente en torno al astronauta. Pienso que ese final es algo abstracto y quizás demasiado poético para una narración en prosa.



Sueño del 17 de octubre


Estoy en el extranjero, probablemente en Italia. Es de noche y camino por un paseo marítimo, con cierta prisa. Miro al cielo y veo con toda claridad las estrellas de El Carro, pero en una posición en la noche que me resulta desconocida. Las estrellas son pequeñas y están muy alejadas de la tierra. A mi lado camina un turista que parece dirigirse al mismo lugar que yo. Le saludo en inglés, me contesta sin entusiasmo. Caminamos rápido, uno al lado del otro. Entonces ambos nos fijamos en un islote cercano en el que se distinguen luces de casitas. En su centro se alza una torre ocre, de arquitectura desordenada, que me recuerda a 'La torre de Babel' de Brueghel. Además, las estrellas han descendido y ahora se acumulan alrededor de la torre. Giran en círculo, veloces, en harmonía. Veo cómo el cielo se queda a oscuras. Le comento al fenómeno al turista, que también se muestra sorprendido. Le digo algo como 'The stars seem to be in a sphere!', con un extraño acento británico.


Extracción

de la piedra de la melancolía.




Sueño del 15 de octubre


Tengo un hermano con el que corro y salto por los tejados. Somos niños. Cuando queremos bajar, es imperativo hacerlo de toldo en toldo por un patio interior. Me asomo y veo a mi hermano mucho más abajo, en un toldo verde, y le pregunto si la tela resistirá la caída. Me asegura que sí, sin prestarme mucha atención. No veo claro cómo hacer el salto hasta donde está él sin matarme y, de alguna manera, mi vértigo modifica la fachada del edificio, ahora hay más asideros y menos distancia hasta el suelo. Cuando ya estamos abajo se revela que hay una disputa pendiente entre nosotros y que es necesario pelear para resolverla, casi a modo de duelo. Entonces ya no soy mi hermano, sino un amigo del hermano que era yo. Él sigue siendo un niño, yo soy adulto. Para la pelea, se escoge el patio de un colegio, en teoría cerrado. Es de noche pero aparecen muchos espectadores espontáneos. El hermano al que apoyo no parece muy seguro, ha traído un montón de trastos inútiles (unas vigas, un teclado electrónico enorme) en un carro de súper y se le van cayendo. Mi amigo Andrés y yo le ayudamos a sujetarlos. La pelea va a empezar y un poco en broma lo presentamos a la multitud como un luchador, inventándonos nombres intimidatorios. Yo lo llamo 'El humano', seguramente porque, advierto sin sorpresa, tiene el tejido muscular a la vista, sin piel. Andrés quiere inventarse otro apodo y dice 'El morfa...' 'Huesos', acabo yo, que quiere decir el 'comehuesos'. Cuando va a empezar por fin la lucha aparece un profesor negro (de hecho el actor Bill Nunn) y amenaza con llamar a la policía, furioso. Entonces estoy viendo un documental sobre estos hermanos, en el que se aclara el origen de la disputa: un hermano pensaba que el otro le había escondido el mando a distancia de la tele, cuando en realidad el perro de ambos lo había enterrado en el jardín. Sé que el documental tiene un desenlace muy triste pero antes de que acabe despierto.


Dieux gart



Guido da Lange, Dieux gart (rondeau)


Dieux gart qui bien le chantera,
que c’est pour l’amour de ma dame.

Or boyve primier qui faudra
Dieux gart qui bien le chantera.

Ma dame veut qui bien dira
qui fait toute s’amour, par m’arme.

Dieux gart qui bien le chantera,
que c’est pour l’amour de ma dame.


Un poema de Enric Casasses


De Començament dels començaments i ocasió de les ocasions

En la isla (6)



Carcosa (II)

Caminando por estos campos que parecen no acabar nunca y que tienen algo de laberinto trazado al descubierto, encuentro una hendidura en uno de los muros que da a un cuadrado de bosquecito. Miro y dentro no hay rastro de tractor en el suelo, que es lo que hace las veces de senda. Los árboles crecen de forma desordenada, o más que árboles en sí debería decir un entramado ramas secas y peladas, que dan la impresión de surgir directamente de la tierra sin apenas apoyarse en troncos. Nada más cruzar la hendidura noto un olor dulzón y algo nauseabundo, como de lejía, que prefiero relacionar con alguna planta, quizás con el cactus desinflado que, extrañamente, crece en lo alto de una rama gruesa. La sensación de opresión es fuerte, tanto por las ramas bajas y huesudas como por el microclima de humedad que vibra en el lugar. Distingo una construcción tras las ramas. Se trata de una casita de piedra, grande como una habitación, con algún desperdicio tirado por el suelo de rocas. Entonces veo un trocito de dentadura, gris, casi otra piedra, una secuencia de unos cuatro dientes que de entrada me parecen humanos. Primero el descubrimiento me entretiene y saco una foto de los dientes; enseguida siento que, si son humanos, la situación es menos graciosa que oscura. Borro la foto, por la superstición de arrastrar de allí algo inmaterial y llevármelo conmigo de vuelta. Me adentro un poco más pero la opresión del lugar crece en mi pecho y en mis fosas nasales, y busco la salida. Al pasar por la casita veo, esta vez junto a la puerta, un hueso que, por su grosor y forma, me cuesta menos imaginar en un animal. Salgo del bosquecito y los sonidos del campo regresan a mí. Me doy cuenta de que antes no los oía, como si una estática se hubiera interpuesto entre los pájaros y yo.






En la isla (5)



Carcosa

La primera temporada de la serie True detective pertenece a varios géneros. Además de los obvios (intriga, policíaco), se adscribe en el llamado 'Southern Gothic', o sea gótico del sur o sureño, un género en origen literario ambientado en el sur de los Estados Unidos y que suele mezclar el realismo con lo sobrenatural. La idea de que Arkansas o Lousiana tengan algo de gótico redime un poco la aridez y de hecho la fealdad de los paisajes de allí, que tienen poco de románticos.

Mi razón para decir que True detective es una gran obra de arte es la siguiente: mi percepción de cierto tipo de paisajes está para siempre alterada por la serie. Cuando una obra o un autor modifica la visión que tenía de algo, sé que su valor va más allá de causarme agrado. El efecto que me produce Pedro Páramo es análogo en este caso. Como un sueño que no se puede olvidar, ha intervenido en la realidad y a partir de entonces ya no puedo entender ciertas cosas como antes. Hablo de todo esto porque los paisajes inocentes y acogedores de Menorca me parecen estos días góticos, desconocidos. Contribuye a ello la abundancia de muros derruidos que dividen apenas los terruños, los cardos y los cactus, y sobre todo las construcciones ocasionales que debían ser establos y ahora parecen habitaciones abandonadas en mitad del campo. Alguna calavera me hace pensar en animales que no conozco. Se puede andar mucho rato sin encontrarse a nadie, sin dar con la carretera, sin ruidos humanos. Camino y pienso 'This is Carcosa'.




En la isla (4)



Por eso, al ver estas dos piedras allí, me costó poco pensar: 'Casco de guerrero talayótico junto al perfil de su caballo, c. 1000 a. C.'




En la isla (3)

Recinto de taula

En una carretera de Menorca llamada Binisafuller, cerca del pueblo de Sant Lluís, es posible visitar un conjunto arqueológico que lleva el nombre de 'recinto de taula'. Se trata de una denominación exclusiva: en Menorca, los restos de este tipo tienen una gran T central que los diferencia de los de Mallorca y que popularmente se conocen como 'taules'. El recinto habría sido construido durante la época postalayótica, es decir, pasado el primer milenio a. C., y tendría la función de lugar de culto del poblado más cercano. Se han encontrado restos de cenizas y humo de una gran hoguera, y se conjetura que estos son los restos de un 'ritual celebrado en verano, donde se sacrificaban animales jóvenes'. Algunas partes fueron reconstruidas tras las primeras excavaciones, para recuperar la impresión original.

A pesar de estar justo al lado de la carretera, en un cruce de sentidos, es fácil abstraerse una vez se cruza el muro bajo de piedra que rodea el conjunto. Puesto que este recinto estaba al descubierto, lo sagrado del lugar no dependía tanto de la congregación (fuera cual fuera) sino del mismo espacio natural, que cobijaría, a parte de animales, a los demonios tutelares. Esa impresión de límite, de suelo fronterizo entre mundos, se mantiene todavía. Las piedras rectangulares, blancas, en especial la T central, son totémicas, como pequeñas casas de dioses. Los muros circulares, la disposición de las rocas en la colina verde, los árboles que se ciernen, permiten, especialmente al atardecer, fantasear con que nada responde al azar de los siglos ni a la intervención moderna, y que la magia del templo es accesible aún para mí, por mucho que fuera un templo abierto o precisamente por eso.





En la isla (2)

Rama dorada.





En la isla (1)

Apagón, anoche.