Transición

de un bol de fruta.



Un bello asunto



'En cuanto al hueso que se halla dentro del corazón del ciervo, es un bello asunto que hace sonreír a los cazadores; está escrito, sin embargo, que ha sido salvación de muchos cuyas entrañas fueron tomadas por materia pestilencial.'

A. Gamoneda, Libro de los venenos

Sueño del 24 de noviembre


Debo seguir a un desconocido por el campo. De una forma vaga somos enemigos y él sabe que lo acecho. Lo sigo a poca distancia, sin prisa, hasta una suave pendiente que se adentra en un bosque. Bajo tras él y lo encuentro sumergido hasta la cabeza en arenas movedizas. Me mira aterrado, con la boca abierta, pero no grita ni me pide ayuda. Por algún impulso misterioso decido que ya no me interesa, así que avanzo hacia una zona del bosque que se convierte en pantano, caminando sin que las arenas tengan efecto sobre mí. Voy por unas aguas hundido hasta la cintura y aparezco en un puerto. El impulso me dirige hacia un enorme barco anclado en el muelle, hacia el cual otras personas caminan también, sumisamente. Una vez dentro, me reúno con ellos en una sala oscura con grandes ventanales que dan al mar, que pasa veloz como si ya estuviéramos en movimiento. Las personas en la sala son japoneses; entiendo que forman una especie de secta cuyo fin es sólo mirar el mar en silencio hasta morir. Una de ellas, quizás recién iniciada, comenta impropiamente que antes o después veremos tierra. Le digo que, para esta gente, esto equivaldría a una herejía. No me entiende.

LARES



El frío está detenido
justo en una línea
entre invierno y otoño:
se adentró demasiado
y ahora debe capitular.

Los lares se vistieron
de rojo muy pronto.
Los raíles de luz prosiguen
hasta fiestas hoy futuras.
Y las manos, vueltas hacia arriba,
esperan una blancura
que quizás no les pertenece.




Nothing Gold Can Stay



Nothing Gold Can Stay

Nature’s first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf’s a flower;
But only so an hour.
Then leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.

       Robert Frost



[Nada dorado permanece

El primer verde de la naturaleza es dorado, de sus tonos el más difícil de retener. Su temprana hoja es una flor; pero sólo durante una hora. Entonces la hoja se rinde a la hoja. Así el Edén se hundió en dolor, así el alba cae bajo el día. Nada dorado permanece.]

Escondido



como un ratón: bajo las estrellas.


ESTRELLA NEGRA

Conversando con normalidad
querría decir sin sorprenderte
que la memoria es un cielo
continuo y que la estrella
negra de ti permanece.

Cuando sea capaz de expresar
cosas así sin mediaciones,
os estaréis apagando
tú y el pequeño oráculo
que a ti me une con ambages.


Tres versiones de serpiente




Sueño del 6 de octubre


Empiezo a ver una película de sello dogma titulada 'La niñera.' Trata de un hombre que se enamora de la canguro de sus hijos y pone en peligro su matrimonio. La película empieza con lentos fotogramas de una cara de mujer, la niñera del título, mientras se oye una voz de hombre que dice: 'Nunca olvidaré la vez que mi mujer instaló en mi cabeza la idea de que la niñera quería envenenar a nuestros hijos.' Sé que el hombre dice esto como justificación de su affair, como si su mujer lo hubiera inducido a ello. Mientras habla, se ve a la niñera enrollando paquetes de droga dentro de hamburguesas. La película no tiene subtítulos (es noruega) así que para entenderla debo escribir los diálogos a lápiz sobre la pantalla del ordenador. Tengo que ir muy rápido para seguirlos y lo escrito con el lápiz no permanece. Cuando se dice una frase como 'le había acontecido guardar la droga', trato esta vez de tallarla sobre mis zapatos negros, con una herramienta indefinida. Sujeto el zapato con el cinturón, y el esfuerzo es tal que me despierto.

Come die with me, little priest


¡Oh sombra!


Electrelane + Juan Boscán


Como aquel que en soñar gusto recibe,
su gusto procediendo de locura,
así el imaginar con su figura
vanamente su gozo en mí concibe.

Otro bien en mí, triste, no se escribe,
si no es aquel que en mi pensar procura;
de cuanto ha sido hecho en mi ventura
lo sólo imaginado es lo que vive.

Teme mi corazón de ir adelante,
viendo estar su dolor puesto en celada;
y así revuelve atrás en un instante

a contemplar su gloria ya pasada.
¡Oh sombra de remedio inconstante,
ser en mí lo mejor lo que no es nada!

SEPARAS



Tu cabeza no es lugar
donde preservar una vida.
Está cubierta de nervios
y no penetran las palabras.

El buen animal se sienta
y espera que la lluvia
sola extraiga brotes
que lo repliquen; tú

rechazas. Cuando das
ofreces un fruto vacío
y en la abundante mesa
separas lo que tocas.



Sueño del 20 de septiembre

Escucho una balada cantada por Rocío Jurado que contiene estas líneas:

Alzarás conmingo la copa
y te cubriré los cojones
con una niebla boreal...



Sueño del 6 de septiembre


Parece que Orson Welles dirigió una película en la que interpretaba a un gigante durante la edad media. En la primera escena del film, en blanco y negro, se ve al gigante despertando en un bosque. Se levanta con mucha dificultad, apoyándose en los árboles, y se ve cómo el bosque tiembla entero, a punto de desplomarse. El gigante empieza a caminar y queda claro que, aun sin afán destructivo, la vida humana no significa mucho para él. Llega a un molino al lado de un río e intenta servirse agua de la rueda, sin éxito. Coge un caballo que acababa de beber y lo exprime sobre su boca abierta. Mientras miro al gigante, ya dentro de la película y a su lado, me doy cuenta de que la gran tragedia de un gigante es jamás poder dormir bajo un tejado. Pienso en lo triste que debe ser dormir siempre a la intemperie. Entonces se ve pasar por allí cerca un cortejo real. Recomiendo al gigante Orson que se esconda tras una colina, porque lo verán como una amenaza. Pero él piensa que el rey quizás pueda proporcionarle un lugar donde dormir (mis preocupaciones se han hecho suyas). Así que se deja ver y el cortejo inmediatamente se dirige hacia nosotros. El rey va delante, en una caravana del oeste. Su cochero tiene la cara más hostil que he visto nunca.


'Cause life ain't confidential, no, no, no



(Intentad obviar el público de muñequitos que lo rodea)


Cases llunyanes



Josep Pla, Viatge a la Catalunya vella.

TRAMA



Uno sueña una trama
y si los fundamentos
son raíces que llegan
a sujetarse del centro
llenarla es tan sencillo
como dejar que el fruto
viva y muera de su árbol.


LOS DOMINGOS COMO SUEÑO



Que se permita a la gente anidar
sus vidas en una cierta manera,
disponer los muebles según el sol,
y colocar a los muertos mirando
desde la pared como una ventana,
es algo resistente a explicación.

Esto se ve más claro en una tarde
de domingo. El aire limpio tolera
los titubeos escondidos
de las palomas. El polvo dejado
por los huesos durante la semana
va tomando posición en las mesas,

y el antiguo reloj de los vecinos
se compara con el corazón lento
de una calma demasiado cerrada,
perfecta. Todo nos ha sido prestado,
también la admiración por este préstamo.
Preferimos despertar del domingo.



Demonio de la guarda




Espiga


espiga 4. Estrella de la primera magnitud, l'alfa de la Verge.


MUROS



Este es un pueblo remoto
pero tú has venido.
Has entrado en este pozo,
sin ninguna luz.

Has venido aquí
para hurgar en el pasado
con la obsesión de un perro.
Los muros se deshacen
en tus herramientas
antes de ser descifrados,
los muros humanos.

Tus manos pasan a través
amontonándose con los huesos
de otros expertos.



GRIEGOS



Aunque es improbable
y no haya constancia
escrita (apenas la hay
de mucho de la vida
de los antiguos, ahora
una cosa con los gusanos,
los topos y los manuscritos
existentes o sólo proyectados
en los cráneos
de los antiguos), en estas líneas
prefiero imaginar que
los griegos,
pueblo de mar,
ante viajes difíciles
o planes o suposiciones
muy débiles,
para procurarse mejor suerte
dijeran:
'Que lleguen los brazos
donde los remos no puedan.'


Casa de pociones



El remedio equivocado es veneno.


Luz de gas

Gaslighting or gas-lighting is a form of mental abuse in which false information is presented with the intent of making victims doubt their own memory, perception, and sanity. Instances may range simply from the denial by an abuser that previous abusive incidents ever occurred, up to the staging of bizarre events by the abuser with the intention of disorienting the victim.


The term owes its origin to the play Gas Light and its film adaptations, after which it was coined popularly. The term has been used in clinical and research literature.

That box you gave me burnt nicely




Q: What does 'Zimbo' mean?
A: It's an anagram of 'mozib', an old African word.
Q: What does 'mozib' mean?
A: 'Zimbo'.

EL RECITAL



Siéntate. En la madera del piano
las velas borrosas se fijan
pero las caras no producen reflejo.

No oigo ninguna de las notas.
¿Cómo es que puedo entender esto?
Más de doscientos años atrás

uno lanzó su música doscientos años
adelante, por encima del fuego y del árbol.
Llevábamos siglos sentados.

Música que deja todo en blanco:
¿has venido a librarme de mí
o a compartir la mitad de mi peso?


MÍRMEX (4)




Ella ha estado aquí
a millones,
caminando sobre sus dedos
numerosos para hundir la tierra.

Lo prueban los nidos
caídos del responsable pájaro,
los postes por la acera,
las muchas cruces esparcidas.


EL ACERTIJO



Me cuento entre las cosas que no            
se resisten a perder su estado

porque mi lugar es el suelo
y coronar un azul más hondo

y más alto es obra de ciervos.
Vivo entre las manos de otros,

pasajero en sus cestas pasajeras
que me llevan como regalos

a una dinastía incierta. Soy
como una fruta que se pudre

y regenera constantemente
pero hecha de larvas doradas

que dentro de mí esplenden
exasperando a quien las use

como guías en el cielo. Soy la clase
de acertijo que es igual a quien lo dice.




Un poema de Antonio Gamoneda




Tu cuerpo silba bajo los arándanos. ¿Insinúas la libertad de las bestias protegidas
  por conducta de los vientos?

Líbrate de la libertad antes de entrar en mí.

Tú eres veloz y oscura entre los arándanos encendidos; eres profunda y bella como
  un rostro en el agua; tu piel es dulce. Pero mi lengua es sagaz

y tus oídos escuchan sin misericordia.


El silencio y sus círculos, el ácido que depositas sobre mi salud,

la suciedad hirviendo dentro de mi alma;

éste es el precio de la paz. Acuérdate.



ESQUELETOS



Bebed la infusión de la noche.
La notaréis ocupando las raíces del cuerpo
templando la carcasa.
Rechazad la comida: la casa
no está hecha para guardar
por mucho tiempo noticias del exterior.
De hecho, no comáis más.

Vosotros sois conocidos sin cara.
Pienso que en una habitación
cada uno levanta su taza conmigo
y piensa: esto se acaba aquí.


DISTANCIAS



Tengo diferentes padres,
en el sol, en la montaña, en los ciervos,
pero no los conozco.

Si voy hacia el sol
la piel se vuelve líquida y muestra
las cosas miserables del cuerpo.

En la montaña ante otras montañas
soy como la idea ínfima de una mente
que olvida sus ideas al despertar.

Si allí me pierdo como animal
los ciervos se lastiman los vientres
con las zarzas huyendo de mí,

saltan a izquierda, a derecha,
y no son el grupo de iguales
que, como animal, buscaba.




Tres versiones de ciervo

1



2



3

La fuente

 Cuando el ciervo vuelve
a la fuente, el blanco
quieto del agua

ya no está. Sólo el cobre
de unas monedas
resiste en sus ojos.

El agua, las manos
que dejaron las monedas,
sus deseos o costumbre,

fatigan un poco al ciervo.
Tampoco tenía
tanta sed para empezar.




AURORA



Una mano pasa un algodón
por tus mejillas hasta teñirlo
de gris oscuro.

Una habitación te sostiene
en una quietud de lámparas,
hasta la parálisis.

Y en la fuente
donde deberías haber bebido

la aurora no sucede,
hasta que se topan los lobos
con el canto del gallo.



Sueño del 4 de julio

Estoy en un piso a oscuras. Sé que mi nombre es Peter Kane y que estoy afectado por una maldición indefinida. Salgo a la escalera, que está bajo una penumbra azulada, y me acerco a la puerta del piso justo de delante. Doy un par de golpes con las palmas abiertas, enfadado, y oigo: ‘Feliz cumpleaños una vez más, Peter Kane.’ Odio esa voz, que me recuerda lo que hay tras esa puerta: un piso encantado, con cadáveres, cruces de David y restos de sangre. Una vez estuve en ese piso y lo que vi me atormenta cada cumpleaños. Me alejo furioso y asustado. La voz dice: ‘Naciste de una madre viva y de un padre muerto, y tú no estás ni vivo ni muerto.’ Con la idea de huir lo más rápido posible, me lanzo por el hueco de la escalera. Mi cuerpo es intangible y en la caída las barandillas no me tocan. 

Sobre 'Dices', de Eduardo Moga

Ayer lunes 7 de julio se presentó el nuevo poemario de Eduardo Moga, 'Dices'. Estas son las notas que leí a propósito.

**

Voy a intentar definir qué es Dices en pocas palabras. Se trata de un solo largo poema en el que una persona llamada Eduardo habla consigo mismo sobre su incapacidad de decir lo que debería decir. El diálogo, o más bien monólogo (puesto que sólo oímos una voz aunque adivinemos dos personajes) fluye torrencialmente pero no en desorden. El rasgo más atípico es que de vez en cuando lo interrumpen transcripciones literales de palabras dichas por políticos y personalidades de la derecha.
Una forma de acercarse es imaginar la siguiente escena. Un hombre duerme. De fondo, la televisión encendida da las noticias. Las declaraciones de los políticos y las crónicas de desastres siguen entrando en el hombre y se van mezclando con los propios pensamientos, en una especie de sueño lúcido o reflexión sonámbula. El hombre, sin despertar del todo, se examina, valora su actos y sus palabras del día, que reflejan fatalmente esos actos; a la vez, el mundo –en concreto el pobre mundo público de la España actual- es filtrado por su conciencia. En ambos casos, la criba no deja lo valioso (el diamante, digamos) sino el barro, la suciedad, la duda.
               Esta descripción se ajusta al aspecto del poema sobre la hoja: un ancho río de largos versos interrumpido por declaraciones de Cospedal, Aznar, Mayor Oreja. Como se adivina, estas declaraciones recogen lo peor de cada una de estas bocas, sea por su intolerancia, estupidez, incapacidad comunicativa o por su tendencia descarada al odio. Y aquí reunidas, producen una sensación de asco y  desánimo, y hasta de sorpresa: todas juntas muestran una miseria de pensamiento que, vista de lejos y a bocaditos, no parecía tan profunda. Al margen de que conozcamos o no cómo Aznar, Aguirre o Rajoy han cambiado el curso de la vida de España (es decir: sus actos), el elemento destructivo de sus palabras es en Dices lo que primero se pone de manifiesto. Podría darnos igual lo que digan los políticos, que por su oficio están obligados a expresarse por mentiras y exageraciones; pero hay que ser conscientes de que sin querer hemos estado escuchando o leyendo esas mentiras y exageraciones toda la vida, y que precisamente por eso nos hemos acostumbrado a la perversión de la palabra. Las palabras nos llegan carcomidas por esas bocas, a través de esas bocas. Como al hombre dormido pero de conciencia despierta que mencionaba antes, nos han invadido con tergiversaciones y aproximaciones, de manera que ya no es posible saber qué es verdad, o ya no importa.
La caída en desgracia de la palabra pública en Dices se corresponde con la insatisfacción que produce la palabra privada. La voz que habla desde la intimidad del poema suena cansada. De entrada no reconoce su nombre, como si el nombre propio (en este caso, Eduardo Moga) fuera un pseudónimo que uno debe sobrellevar. Cito:
               Cuanto dices es otro quien lo dice: tus labios te desamparan, Eduardo; tus labios desconocen tu nombre.

Esta voz, esta conciencia, es física y parece ocupar espacios concretos dentro del cuerpo humano; es orgánica, se ensucia, viaja por los intestinos y las venas, se mezcla con pelos e insectos:
Tu boca es tu sexo, Eduardo: puja, inflamada de sangre; eyacula saliva.
O:
Dices, la boca dice, tu descomposición habla como si te estuviera moldeando, como si introdujera en tus articulaciones flores de metralla, como si arrancara de ellas partículas de mundo, asuntos espectrales.

La boca física y la boca interior se mezclan de Dices, de manera que la palabra falsa o insuficiente puede materializarse en yagas o heridas o putrefacción. Por eso, la articulación de la conciencia que se oye en el poema está también sujeta a los cambios del tiempo, como cualquier otro cuerpo, y sufre el proceso de la muerte como un ser vivo. De hecho, es recurrente la asimilación de boca y tumba, puertas que guardan una gran nada. Cito:
De la boca a la muerte solo hay un paso: ambas son cavidades; ambas transportan a un lugar sin lenguaje, a una humedad abrasadora.

¿Por qué esta incapacidad de decir? ¿Por qué la persona que habla en el poema sólo saber decir lo que no quiere decir? En parte es a causa de lo que oye que, en el contexto de este poema, son esas voces ridículas de políticos y personajes mintiendo, instigando al odio, con bocas llenas de podredumbre:
Pero, Eduardo, lo que dices en este instante de silencio, y lo que dice el mundo con estruendo equiparable, es idéntico: un caer en el nombre, como un tronco que rodase hasta un suelo abstracto, y un emerger del nombre, como la llama emerge del cadáver. Todo confluye, pues, en este estar atormentado, ...

Se dice nada porque se oye nada. Obviamente, en Dices esta identificación entre la pobreza de lo oído y la insatisfacción de lo dicho está llevada al extremo. Pero el principio de que uno debe escuchar para poder hablar y que un mensaje asimilado puede condicionar a un mensaje aún por gestarse persiste y es aplicable en todos los ámbitos de la vida. No olvidemos la exposición que nuestros cerebros sufren; almacenan mucho más que palabras cada vez que una idea corrompida los toca. Si miras en el abismo, el abismo mira en ti, por mucho que seas consciente de que no quieres formar parte de él. Incluso, el Eduardo del poema llega a decir: ‘Este poema es un engaño.’
De manera que, en Dices, el examen profundo de uno mismo revela principalmente su peor parte, dejándolo todo a oscuras. ¿Qué nos queda de todas estas ruinas? Yo creo que al menos dos cosas muy importantes. Por un lado, Dices es implícitamente una afirmación del poder de las palabras. La boca, el supuesto emisario del pensamiento, es tratado como un chivo expiatorio de la propia incapacidad de nombrar la verdad y hacer que los actos se ajusten a ella. De hecho, la palabra es el primer acto del pensamiento, el primer puente hacia la realidad, y en Dices se reconoce un fallo inescapable ya en este primer intento de conexión. Sin embargo, de ello puede deducirse que si la boca y la conciencia ideal supieran reconocerse mutuamente, la palabra cambiaría el mundo: si tiene el poder de destruir (los ejemplos abundan en el poema), potencialmente tiene el poder de crear. Al hablar quizás no se actúa físicamente sobre la materia pero claramente sí se altera la percepción que tenemos de ella. Eso es una forma de cambiar de nuevo el mundo. En ese sentido entiendo la necesidad angustiosa de otra boca, la escondida, que pueda corresponder los anhelos de la conciencia que nos habla, que conjure ( y cito):
el peligro de que la casa se caiga, para administrar la alegría de que la casa se caiga, y de que, de los cimientos abruptamente expuestos a la luz, como una vagina exhumada con ardor, surja otra luna, otra boca, otro Eduardo, otra palabra, Eduardo, que condiga con tu inmarcesible disolución, y permita a tu cuerpo rebasar los huesos, y los vasos sanguíneos, y la placenta de que careces, para alcanzar, más luminosamente, la gloria de la destrucción.

La destrucción y la creación suceden a la vez, o así se conjetura.

               Por otro lado, no diré que Dices es un camino hacia la iluminación pero tampoco es inverosímil decir que al menos nos encamina. Conocerse a sí mismo es sabiduría superior; el autoconocimiento puede tomarse como un principio de aceptación: si somos capaces de detectar lo malo, quizás podamos trazar una línea y separarnos. Ya habréis notado las repeticiones constantes del poema: dices, Eduardo, tu boca, Eduardo, oyes. Esta estructura de mantra convierte las palabras repetidas en una especie de cuentas, de rezos, que poco a poco pierden el significado. Consecuentemente, la idea de silencio como conclusión es casi inevitable, y así acaba el poema:
Dices, y un cordón de sílabas te ata a lo que se extingue.
Dices, y solo oyes tu nombre.
Dices, y ni siquiera tu nombre sobrevive.
El silencio te sustituye.
El silencio, Eduardo.
El silencio.


 Con la respuesta ‘El silencio’ parece que Dices acabara un poco antes de realmente acabar, con la palabra que indica ausencia de palabras. No se trata de un silencio que refleje incapacidad, sino abundancia: escoge callar el que tiene cosas que decir, quiera o no decirlas. Es un silencio bien entendido, el silencio del que, para bien o para mal, sabe.


Sueño del 30 de junio de 2014




Estoy en casa de mis abuelos. La última habitación del piso, que de pequeño era la de los juguetes, está llena de arena, en permanente oscuridad. Como tengo el firme deseo de desaparecer totalmente, según me voy repitiendo, sé que debo ir allí. Abro la puerta y entro en la arena negra. Me voy moviendo y, a pesar  de que la habitación conserva sus dimensiones normales, no soy capaz de dar con las paredes. Siento un poco de vértigo y frío en los pies, hasta que por un escrúpulo indefinido (un recado pendiente, miedo a perderme en el infinito) decido salir de la habitación.


Presentación de 'Dices', de Eduardo Moga



Será el lunes 7 de julio a las 19h. Os esperamos.

CON EL CLIMA




La tarde se llena de golondrinas
sobre el pelaje itinerante del trigo.

Si creo que podría usar sus vuelos
para tocar los campos por encima,

es que ellas me usan a mí, para sentir
su propia concordia con el clima;

yo me refugio y ellas
cantan cuando llueve aún,
como desde el futuro.




'Una copa de Haendel', de José María Jurado

[reseña publicada en Quimera, revista de literatura, núm. 364, marzo 2014]

Una copa de Haendel
José María Jurado
La isla de Siltolá: Sevilla, 2013
64 páginas


DESCRIPCIÓN DE UN REFLEJO

Una copa de Haendel es un poemario refrescante por lo que tiene de extraño, es decir: de ajeno. No hay confesiones personales, y las pocas experiencias directas que se adivinan están filtradas por la forma. Sólo algunos poemas finales se refieren a la infancia, pero gracias al preciosismo de sus versos, el lector recibe la idea de una infancia genérica más que un recuerdo biográfico. En ese sentido, el libro pertenece a la técnica antes que a la imaginación.
    Curiosamente, ese extrañamiento, esa preponderancia del artificio sobre el contenido del mensaje (por así decirlo), hace de Una copa de Haendel un poemario original, aunque su espíritu no busque ser rompedor. José María Jurado se deleita con las figuras, los colores, las abstracciones. Hay algo de cuadro rococó en cada poema: 'Rubias como la nieve, / con guirnaldas de flores en el pelo / y cintas de Moldavia, / bajo los altos techos estucados / y el dorado fulgor de las cristalerías, / las princesas de Austria / bailan en los espejos, / caderas de champán, ojos de escarcha.' Los delicados cuadros de Jurado muestran fascinación por el detalle, muchas veces subrayado por vocablos remotos: 'Ciprés y palisandro, / potrillo de madera taraceada, / clavijero de dientes y cabeza partida, / brida y freno del llanto.' Hay también ejemplos de divertimento poético, como 'Calendario perpetuo', en el que el autor se propone encajar todos los meses del año en sólo catorce versos; o en 'Chejoviana', una suerte de centón hecho de títulos y referencias al escritor ruso.
    Los textos que pueden considerarse centrales en este libro tienen algo de juego, de arte por el arte, o más bien de técnica: la mayoría de los poemas se miran a sí mismos, de espaldas a la realidad. No hay referentes al mundo, sino a la representación del mundo. Pero Una copa de Haendel es a veces lo suficiente sólido como para levantar un mundo propio en sus páginas. 'Diana', por ejemplo, tan excelso y exaltado, podría compararse a un objeto de cristal tras el aparador de una tienda de antigüedades: 'Elástica, / con el arco de plata y el carcaj / irisado de estrellas / disparas a la noche venatoria, / señora del abismo, / cazadora / de los ciervos azules de Orión.' En el poema, la diosa pasa como una estrella fugaz: está lejos y es hermosa, y no todos invertirán tiempo en esperarla.
    El poema quizás más representativo del tono general es 'El juego de los abalorios' (el título hace referencia a una novela de Hesse). Esta 'catarata / de letras que levitan y descienden' concluye con toda una declaración de principios: 'Lluvia fugaz  de luces y sonidos, / tornasol de pavesas y cenizas / se posan suavemente como nieve / sobre el papel vacío y deslumbrado. / Nada sobre la nada del poema.' Efectivamente, decir que Una copa de Haendel trata sobre nada puede ser apropiado. No porque sea irrelevante, sino porque, por voluntad del autor, los poemas tratan de sí mismos, de la búsqueda de ciertas palabras: son la descripción de un reflejo. Las numerosas citas a otras obras y autores a lo largo del libro actúan en este mismo sentido de buscar la realidad en la literatura.
    Los poemas que escapan a esta reducción a veces no son los mejores. 'Fragmentos de una tabla de arcilla' es atractivo, pero más ambicioso que logrado; 'Dream a little dream of me' roza peligrosamente lo sentimental ('en el país azul de la tristeza', 'he arrojado a tu sueño / un puñado de estrellas irisadas.') Dos poemas que apariencia contienen haikús ('Haiku' y 'Después de la lluvia') no siguen la forma convencionalmente aceptada en español para esta composición; quizás sea a propósito, aunque resulta difícil entender por qué, dado el dominio del autor sobre la métrica.
    El poema que cierra el libro, 'La Quencia', contiene un giro digno de mención: 'tu padre te ha ungido / con su mano suave y poderosa, / como la mano de Virgilio.' Estos versos parecen referirse al padre y, sin embargo, este acaba convirtiéndose en el término comparado: la escritura (la mano) de Virgilio es tan firme y piadosa como la de un padre sobre su hijo. La literatura desbanca, o desborda, al recuerdo. El mundo es sencillo, el poema no.