De los diarios de Sylvia Plath

[Sobre ella y Ted Hughes]


Do we, vampire-like, feed on each other? A wall, sound-proof, must mount between us. Strangers in our study, lovers in bed. Rocks in the bed. Why? He sleeps like a sweet-smelling baby, passion gone into the heat of his skin.



MÍRMEX (2)




Quiero ser cómodo para ti,
un buen lugar
desde donde puedas observar
sin prisas el desenvolverse
de la tormenta,
el hincarse de los rayos
en el suelo.

Estoy anclado, 
en mí puedes sentarte
como en trono de huesos.




Sueño del 25 de enero de 2014





Veo a una persona ante una pared totalmente roja. El resto del entorno es blanco. Me despierto con esta frase: Toda la sangre de mi cuerpo sobre otro cuerpo.




ÍDOLO



Si tengo que retener
el pequeño ídolo
como pago al esfuerzo
por encontrarlo y robarlo,
entonces pegado al torso
que se me haga arena.

Si se queda en mí
tiene que morir en mí.


Un poema de Antonio Gamoneda

Blues de la escalera

Por la escalera sube una mujer
con un caldero lleno de penas.
Por la escalera sube la mujer
con el caldero de las penas.

Encontré a una mujer en la escalera
y ella bajó sus ojos ante mí.
Encontré la mujer con el caldero.

Ya nunca tendré paz en la escalera.




Semáforo



Allá adonde vayas, acabas en un semáforo.


'Los vertederos de la fama', de Aarón García

El sábado 21 de diciembre se presentó en Barcelona el último libro publicado por La Garúa libros, Los vertederos de la fama, de Aarón García Peña. Estas son las notas que leí a propósito de este poemario.

***
Sobre Los vertederos de la fama


No sé cuántos de los presentes han abierto un libro poemas de Lope o de Quevedo y han sentido que la voz que escuchaban era muy cercana, casi familiar, y que les estaba hablando desde el presente. Que entendían las bromas y las imágenes, que podían seguir el hilo a pesar de las notas a pie de página, que la España visible en esos poemas y esta España actual eran la misma. Que esos poemas, en fin, uno ya los tenía dentro y estaban asimilados a su oído, e incluso a su razón. Si es así, no es imposible que algo parecido les ocurra con Los vertederos de la fama de Aarón García Peña. Sin duda es un libro moderno pero que suena, antiguo y poderosamente original.  Tiene la virtud de denunciar ciertas verdades que son, en realidad, obvias pero que  nadie quiere decir en voz alta, y lo hace claramente, con contundencia.
   Para saber de qué trata el poemario, uno debe sólo fijarse bien en el índice. De entrada, uno ve letras solas en ocasiones acompañadas de números. Echando un segundo vistazo, y conociendo un poco la trayectoria del autor, se revela que esta columna forma un acróstico que lee: ENCICLOPEDIA POÉTICA DE ESPAÑA. Y así es: en parte, Los vertederos de la fama es un compendio de ciertas actitudes y miserias que los poetas han tendido a mostrar en España.
   Los poemas de Aarón García no pertenecen a la inspiración, aunque sin duda estén llenos de ocurrencias brillantes. Entre poetas que beben vino, él es un poeta que bebe agua. Por eso, en su mirilla están los falsamente arrebatados por la musa, tan fáciles de confundir con los perezosos; o los que confían al hermetismo su poca claridad de ideas; o los que fingen traumas para poder llamarse malditos; o los que se obsesionan con el 'cadáver de su infancia', como dice un verso. Aarón acostumbra a fijarse en los poetas madrileños, quizás porque los conoce mejor y por mantener la simetría con otra obra suya (si no me equivoco la anterior a esta), también enciclopédica, centrada en Barcelona.
   A pesar de que el libro distingue sub-categorías de farsantes, Aarón no tiene reparos a sacar a relucir las miserias de todos los poetas, vanos o no. En ese sentido, Los vertederos de la fama es un libro devastador. Con precisión algo dolorosa examina las ideas más o menos firmes en las cuales los poetas se acomodan y se dejan llevar. El primer poema, que hace de prólogo, se titula 'E1 o así se excusan los poetas actuales para eludir el esfuerzo', se abre así:

Yo soy la voz en off, yo soy la luz del mundo,
por cortesía de mis versos os existo
y me dejo existir por no sentirme solo,
a mis pulmones viene a conocerme el aire,
a la vida y muerte tengo por alumnos.

   Y concluye con estos versos:

Porque ser como soy es don de algunos pocos
que aprendan los demás, que yo vine aprendido.
Me basta con nacer, nacer galardonado,
me basta con nacer para llamarme genio.

   Los poemas de Aarón son una lucha, aunque en este caso amigable, con la forma: excepto el primero y el último poema, los veinticinco restantes están formados todos por veinte endecasílabos. Por eso he mencionado antes a ciertos poetas clásicos españoles, que sabían usar el artificio con naturalidad para conversar con el lector y también para ilustrarlo. Y es que el esfuerzo, más que la vanidad, es una preocupación central para la persona que habla en este libro. Digo persona y debería decir voz: como buen volumen enciclopédico, Los vertederos de la fama podría ser el corte transversal de una gran conciencia común (o que debería ser común) a todos los poetas españoles.
   Implícitamente, hay también una visión social, una preocupación social sobre el lugar de los poetas: no tanto el lugar que la sociedad les da, sino el que ellos creen ocupar. No he visto este término en el libro, pero homo publicans podría ser una definición adecuada de este 'poeta publicante' que no tiene vergüenza en publicar sus errores, a exponerse al ridículo sin darse cuenta.
   En otros poemas, el enfoque social cae más sobre España en general, en especial sobre su vida política, sus banderas y sus numerosas patrias. Muy interesante (y divertido) es el D2, que empieza diciendo 'Conozco un orinal de nombre España. / Candente en ocasiones, otras tibio, / legisle quien legisle se desborda...', y que sigue repasando el legado de cada uno de los seis presidentes de la democracia española. O el poema A2, que empieza así:

España es la poeta madrileña:
si sirve para poco, causa lástima;
si sirve para mucho, la lastiman;
si alguna se casó con medio barrio
sirviérale de amante el otro medio.

   En este sentido, Los vertederos de la fama es un libro que aplica lo que predica: vive en el presente, y rehuye las ensoñaciones y las poéticas de la imaginación. Hay una cierta voluntad de función social aquí que está totalmente ausente de la buena poesía española actual, incluso de los resquicios de aquello que se llamó poesía social. Las denuncias de Aarón no son emotivas ni apelan a la demagogia de los sentimientos: son dardos directos al sentido común y a la configuración de la realidad. No hay personajes semirománticos como mendigos o gitanos: hay pensadores que no saben pensar. Esta poesía quiere despertar al lector, aunque sea con sátiras algo agresivas. Uno puede sentir que, de alguna manera, el libro pide explicaciones a los poetas: ¿qué hacéis con el bien común que es la poesía? ¿Dónde acaba vuestro ego y dónde empieza el mundo? ¿Por qué publicáis, qué mejoráis con esto? Casi bíblicamente, el poema P3 les dice 'Humildes han de ser cuando trabajen'; y el A3 les reprende así:

No sirve consultar a los poetas
acerca del valor de su legado;
aunque el instinto se les presuponga,
la inteligencia siempre es un misterio.

   Al resumir así el libro, no quisiera dar la impresión de que su autor se escoge a sí mismo como un adalid de la moral que viene a salvar la poesía española: además de usarse a sí mismo como ejemplo en un poema, Aarón García no hace más que poner por escrito lo que la mayoría de poetas piensan de sus contemporáneos, aunque no de sí mismos. Efectivamente, muchos se ven como una eterna promesa, proyectándose al futuro, pero juzgan a los demás anclados en el presente. Como digo, la voluntad del libro no es escandalizar sino sacudir.

   Creo que un buen ejemplo de eso es el poema en prosa que cierra el volumen, que se titula 'A4 o la voluntad de cada uno'. El tono es más sereno, casi conciliador, o por lo menos esperanzado. El libro no quiere acabar con un enfado ni con un reproche. Esta conciencia que duramente pero también con justicia ha reprendido a los poetas españoles parece decir ahora: la voluntad, la posibilidad de demostrar lo que uno se presupone, está en vuestras manos. Los genios no nacen, como se decía a sí mismo el ego del primer poema: a pura fuerza de voluntad uno cambia y cambia la realidad. Por eso, justo después de acabar este último poema de Los vertederos de la fama, no es extraño que la primera reacción sea el silencio. Quizás sea esta la opción más honesta.



Cabeza de pájaro


EFIGIE



No tengo que moverme
para causar dolor.
Lo cortante de mi cuerpo
es inevitable
en su quietud.

La efigie se lanza
contra mí y se parte
en polvo, como si muchos siglos
hubieran pasado de repente,
en nuestro encuentro
que fue tan breve.