COMPARACIÓN

Foto de Mar Modolell


Eres como un caballo que lucha por escapar de un vallado bajo y simple, sostenido por alambres, de hecho se trata sólo de una tira de tela vagamente electrificada, la mera variación de una sombra sobre la hierba. Este caballo sólo tendría que saltar la tira, y una mañana temprana, anhelante de los campos que prevé detrás del establo, coge carrerilla y supera la cerca. Corre muy veloz muchos metros y enseguida advierte que ningún sitio hay donde lo esperen (lo que no había previsto). Se detiene, da unas vueltas al trote por zonas que aún le resultan familiares. Se para ante el principio del bosque para escrutarlo, por si reconoce alguna señal clara, un reclamo que lo anime a internarse. Pero no comprende las llamadas de los pájaros. Después de unas largas horas, regresa a los alrededores del establo, cuando el sol ya es vertical. Envidia a los otros caballos, que duermen o pastan dentro de la cerca. Estos no parecen sentir su ausencia, como no reparaban especialmente en su presencia antes de escapar. La vieja bañera que usan como abrevadero está llena de agua verde, la superficie cubierta de musgo intocado. Ante ella, el caballo siente en el cuerpo el peso y el esfuerzo insospechado de hacer el mismo salto a la inversa. En cambio, con suma facilidad, de la bañera sale su reflejo. Escapa hacia el mundo exterior, impune en su condición de sombra, para usar su libertad y ser moderadamente descuidado. El caballo sabe que las culpas, si las hay, caerán sobre el original.


Sueño del 23 de noviembre


Es de día pero no hay luz. Miro por la ventana de la cocina y la oscuridad es casi total excepto por un rectángulo azul de cielo. Salgo a la calle, hay cierta confusión entre los vecinos. La oscuridad se aclara un poco, y entonces me doy cuenta de que estoy en plaza Universidad. Se ve de nuevo la luz del sol pero hay en el aire una especie de neblina. Miro hacia plaza Catalunya y veo grandes edificios de cristal; en medio, descomunal, está el edificio de la Sagrada Familia. Desde una de sus torres asciende una gran columna de humo, y entiendo que ese humo era lo que oscurecía intermitentemente el cielo de la ciudad. Ahora somos una pequeña multitud mirando el suceso. Yo estoy extático, salto de alegría, me froto las manos. Odio el edificio y me ilusiona que se esté incendiando, aunque en ningún momento se vean las llamas.

AGENDA

Ten. Coge esta agenda, es tuya. ¿No entiendes lo que pone? No, no son garabatos, ponla contra el espejo. ¿Lo ves? Sí, está escrito del revés. Lee los nombres, conoces a todas las personas de esta lista. Es una lista. Estas fechas después de cada nombre, no, no están equivocadas, ¿no ves que está todo al revés? Son las fechas de cada último día. Así es. Piensa cuánto bien puedes hacer con esta agenda. ¿No? ¡Sí! Sabrás cuándo ser cordial con aquel ser aborrecible, que nada le haga adivinar qué se le viene encima. Sabrás cuándo ignorar sus llamadas. Y mira, tu despedida con este de aquí tiene sentido ahora, ¿no? ¿Cómo? No, esto no puede cambiarse, es así, las palabras que os dijisteis fueron las últimas. Los coches eran el viejo río océano, circulando entre los dos. Y aquella llamada intempestiva, que tanto te molestó, es una buena nota de adiós, ¿no te parece? Sí, aquel grito de gaviota podría ser un presagio, muy bien. No, las formas de las nubes fueron casualidad.


¿Qué? No murmures, no te oigo bien desde aquí. Sí, esto es hoy, es la fecha de hoy, pasará en unas horas. Al menos te puedes adelantar, entrar en la habitación antes que otros, antes de que empiecen con su cháchara diaria. ¿Ves cuánto vale el duelo de verdad? Tu duelo empieza antes del daño. Corre, ve ahora, te da tiempo de llegar al primer turno de visita. Está sola en su habitación, pasará hoy seguro. Entra y despídete con conocimiento de causa, siente el peso de cada palabra en tu boca. Siente el sabor a hierro. Déjalas caer sobre su cama, las palabras, pero sé cuidadoso. Aún está consciente, lo suficiente para entenderte. No te preocupes, ¿por qué iba a tomárselo mal? No le serán palabras de mal agüero, no le serás su ángel negro. Después de todo estás mejor informado que ella, ¿no? Y mejor informado que su propio cuerpo. Sí. Quizás espera sólo a que las manos estén quietas del todo antes de sacarle, con amoroso decoro (todo el que te permitas), los anillos, uno a uno. Los anillos que le hacías rodar entre tus dedos cuando eras pequeño, como dándole cuerda a ella. No, seguro que le parecería bien que te los quedaras tú. Son prendas de tu cuidado, de tu solícito corazón. ¿No te he dicho cuánto bien se puede hacer así, llegando temprano?


Sueño del 3 de noviembre


Estoy nadando en la costa de Marruecos, entre grandes rompeolas. Es por la tarde, hace buen tiempo y hay otros bañistas alrededor. Nado con facilidad, sin cansarme. He llegado hasta aquí a nado desde Barcelona, y estoy calculando el tiempo que me tomará regresar. Sé que a la ida he necesitado seis horas, así que preveo llegar por la noche. Empiezo a alejarme de las rocas de la costa, pero no logro dar con la orientación que yo sé correcta hacia Barcelona. Me preocupa perderme en el mar, pero en ningún momento dudo de mis fuerzas durante la travesía. A medida que me alejo, las rocas e islotes de la zona empiezan a transformarse en ruinas flotantes. Se trata de restos de templos y casas antiguas, que a pesar de estar hechos de piedra flotan en la superficie. Son rojizos, como de terracota, y tienen relieves ornamentales. Sin querer me adentro cada vez más en el mar de ruinas, hasta que me veo dentro de un cubículo rojo, con ventanas cubiertas por papel de seda, algo rasgadas. Por miedo a quedarme sin aire o hundirme, rompo una de las ventanas y salgo. Desorientado, me acerco a unos pescadores que nadan por allí y les pregunto por la costa de Marruecos, como si ya no supiera adónde voy. Me contestan, apenados y sonrientes, que no saben.


Sueño del 25 de octubre


He escrito un cuento de ciencia ficción. Aunque me muestro desanimado con el resultado, Mar me dice que el cuento gustó a quienes lo leyeron. Yo sólo recuerdo el final del relato, que visualizo claramente: un astronauta camina por una llanura de luz blanca, seguramente la superficie de un planeta, en dirección a un punto azul suspendido en el horizonte. La oscuridad del espacio es patente en torno al astronauta. Pienso que ese final es algo abstracto y quizás demasiado poético para una narración en prosa.



Sueño del 17 de octubre


Estoy en el extranjero, probablemente en Italia. Es de noche y camino por un paseo marítimo, con cierta prisa. Miro al cielo y veo con toda claridad las estrellas de El Carro, pero en una posición en la noche que me resulta desconocida. Las estrellas son pequeñas y están muy alejadas de la tierra. A mi lado camina un turista que parece dirigirse al mismo lugar que yo. Le saludo en inglés, me contesta sin entusiasmo. Caminamos rápido, uno al lado del otro. Entonces ambos nos fijamos en un islote cercano en el que se distinguen luces de casitas. En su centro se alza una torre ocre, de arquitectura desordenada, que me recuerda a 'La torre de Babel' de Brueghel. Además, las estrellas han descendido y ahora se acumulan alrededor de la torre. Giran en círculo, veloces, en harmonía. Veo cómo el cielo se queda a oscuras. Le comento al fenómeno al turista, que también se muestra sorprendido. Le digo algo como 'The stars seem to be in a sphere!', con un extraño acento británico.


Extracción

de la piedra de la melancolía.




Sueño del 15 de octubre


Tengo un hermano con el que corro y salto por los tejados. Somos niños. Cuando queremos bajar, es imperativo hacerlo de toldo en toldo por un patio interior. Me asomo y veo a mi hermano mucho más abajo, en un toldo verde, y le pregunto si la tela resistirá la caída. Me asegura que sí, sin prestarme mucha atención. No veo claro cómo hacer el salto hasta donde está él sin matarme y, de alguna manera, mi vértigo modifica la fachada del edificio, ahora hay más asideros y menos distancia hasta el suelo. Cuando ya estamos abajo se revela que hay una disputa pendiente entre nosotros y que es necesario pelear para resolverla, casi a modo de duelo. Entonces ya no soy mi hermano, sino un amigo del hermano que era yo. Él sigue siendo un niño, yo soy adulto. Para la pelea, se escoge el patio de un colegio, en teoría cerrado. Es de noche pero aparecen muchos espectadores espontáneos. El hermano al que apoyo no parece muy seguro, ha traído un montón de trastos inútiles (unas vigas, un teclado electrónico enorme) en un carro de súper y se le van cayendo. Mi amigo Andrés y yo le ayudamos a sujetarlos. La pelea va a empezar y un poco en broma lo presentamos a la multitud como un luchador, inventándonos nombres intimidatorios. Yo lo llamo 'El humano', seguramente porque, advierto sin sorpresa, tiene el tejido muscular a la vista, sin piel. Andrés quiere inventarse otro apodo y dice 'El morfa...' 'Huesos', acabo yo, que quiere decir el 'comehuesos'. Cuando va a empezar por fin la lucha aparece un profesor negro (de hecho el actor Bill Nunn) y amenaza con llamar a la policía, furioso. Entonces estoy viendo un documental sobre estos hermanos, en el que se aclara el origen de la disputa: un hermano pensaba que el otro le había escondido el mando a distancia de la tele, cuando en realidad el perro de ambos lo había enterrado en el jardín. Sé que el documental tiene un desenlace muy triste pero antes de que acabe despierto.


Dieux gart



Guido da Lange, Dieux gart (rondeau)


Dieux gart qui bien le chantera,
que c’est pour l’amour de ma dame.

Or boyve primier qui faudra
Dieux gart qui bien le chantera.

Ma dame veut qui bien dira
qui fait toute s’amour, par m’arme.

Dieux gart qui bien le chantera,
que c’est pour l’amour de ma dame.


Un poema de Enric Casasses


De Començament dels començaments i ocasió de les ocasions

En la isla (6)



Carcosa (II)

Caminando por estos campos que parecen no acabar nunca y que tienen algo de laberinto trazado al descubierto, encuentro una hendidura en uno de los muros que da a un cuadrado de bosquecito. Miro y dentro no hay rastro de tractor en el suelo, que es lo que hace las veces de senda. Los árboles crecen de forma desordenada, o más que árboles en sí debería decir un entramado ramas secas y peladas, que dan la impresión de surgir directamente de la tierra sin apenas apoyarse en troncos. Nada más cruzar la hendidura noto un olor dulzón y algo nauseabundo, como de lejía, que prefiero relacionar con alguna planta, quizás con el cactus desinflado que, extrañamente, crece en lo alto de una rama gruesa. La sensación de opresión es fuerte, tanto por las ramas bajas y huesudas como por el microclima de humedad que vibra en el lugar. Distingo una construcción tras las ramas. Se trata de una casita de piedra, grande como una habitación, con algún desperdicio tirado por el suelo de rocas. Entonces veo un trocito de dentadura, gris, casi otra piedra, una secuencia de unos cuatro dientes que de entrada me parecen humanos. Primero el descubrimiento me entretiene y saco una foto de los dientes; enseguida siento que, si son humanos, la situación es menos graciosa que oscura. Borro la foto, por la superstición de arrastrar de allí algo inmaterial y llevármelo conmigo de vuelta. Me adentro un poco más pero la opresión del lugar crece en mi pecho y en mis fosas nasales, y busco la salida. Al pasar por la casita veo, esta vez junto a la puerta, un hueso que, por su grosor y forma, me cuesta menos imaginar en un animal. Salgo del bosquecito y los sonidos del campo regresan a mí. Me doy cuenta de que antes no los oía, como si una estática se hubiera interpuesto entre los pájaros y yo.






En la isla (5)



Carcosa

La primera temporada de la serie True detective pertenece a varios géneros. Además de los obvios (intriga, policíaco), se adscribe en el llamado 'Southern Gothic', o sea gótico del sur o sureño, un género en origen literario ambientado en el sur de los Estados Unidos y que suele mezclar el realismo con lo sobrenatural. La idea de que Arkansas o Lousiana tengan algo de gótico redime un poco la aridez y de hecho la fealdad de los paisajes de allí, que tienen poco de románticos.

Mi razón para decir que True detective es una gran obra de arte es la siguiente: mi percepción de cierto tipo de paisajes está para siempre alterada por la serie. Cuando una obra o un autor modifica la visión que tenía de algo, sé que su valor va más allá de causarme agrado. El efecto que me produce Pedro Páramo es análogo en este caso. Como un sueño que no se puede olvidar, ha intervenido en la realidad y a partir de entonces ya no puedo entender ciertas cosas como antes. Hablo de todo esto porque los paisajes inocentes y acogedores de Menorca me parecen estos días góticos, desconocidos. Contribuye a ello la abundancia de muros derruidos que dividen apenas los terruños, los cardos y los cactus, y sobre todo las construcciones ocasionales que debían ser establos y ahora parecen habitaciones abandonadas en mitad del campo. Alguna calavera me hace pensar en animales que no conozco. Se puede andar mucho rato sin encontrarse a nadie, sin dar con la carretera, sin ruidos humanos. Camino y pienso 'This is Carcosa'.




En la isla (4)



Por eso, al ver estas dos piedras allí, me costó poco pensar: 'Casco de guerrero talayótico junto al perfil de su caballo, c. 1000 a. C.'




En la isla (3)

Recinto de taula

En una carretera de Menorca llamada Binisafuller, cerca del pueblo de Sant Lluís, es posible visitar un conjunto arqueológico que lleva el nombre de 'recinto de taula'. Se trata de una denominación exclusiva: en Menorca, los restos de este tipo tienen una gran T central que los diferencia de los de Mallorca y que popularmente se conocen como 'taules'. El recinto habría sido construido durante la época postalayótica, es decir, pasado el primer milenio a. C., y tendría la función de lugar de culto del poblado más cercano. Se han encontrado restos de cenizas y humo de una gran hoguera, y se conjetura que estos son los restos de un 'ritual celebrado en verano, donde se sacrificaban animales jóvenes'. Algunas partes fueron reconstruidas tras las primeras excavaciones, para recuperar la impresión original.

A pesar de estar justo al lado de la carretera, en un cruce de sentidos, es fácil abstraerse una vez se cruza el muro bajo de piedra que rodea el conjunto. Puesto que este recinto estaba al descubierto, lo sagrado del lugar no dependía tanto de la congregación (fuera cual fuera) sino del mismo espacio natural, que cobijaría, a parte de animales, a los demonios tutelares. Esa impresión de límite, de suelo fronterizo entre mundos, se mantiene todavía. Las piedras rectangulares, blancas, en especial la T central, son totémicas, como pequeñas casas de dioses. Los muros circulares, la disposición de las rocas en la colina verde, los árboles que se ciernen, permiten, especialmente al atardecer, fantasear con que nada responde al azar de los siglos ni a la intervención moderna, y que la magia del templo es accesible aún para mí, por mucho que fuera un templo abierto o precisamente por eso.





En la isla (2)

Rama dorada.





En la isla (1)

Apagón, anoche.


CELDA

Barro mi piso como una celda y el silencio me propone preguntas, se adhiere a las cuatro paredes. Por ejemplo cuál es la distancia entre mi puerta y la puerta de al lado, casillas de un mismo claustro.

A través del yeso llega una voz apagada: No te toca decidir estas cosas, no eres el que piensa, eres el pensado. Es el canto de otro más sabio que yo, que no barre, que sólo está sentado esperando. Su respeto por la obra es alejarse de la obra.


SIGLO



Nacer en el siglo equivocado
no es gran tragedia,
¿pero quién te creería?

Tu silueta negra bailaba
sobre un fondo blanco
con toda la quietud posible,
en el año que fue el último
de la vida privada. Te recortaron
por los puntos, volaste
sobre parques noucentistas.
Y acabaste ante un escritorio
escribiendo poemas
que ibas a enviar, sonámbula,
como cartas al pasado.


RECINTO (4)

Siendo uno que se consume en la colina, podría decir que el mundo cabe en un recinto. No en mi mente, que toca en seguida sus límites de cartón pintado, sino en el recinto donde mi mente flota, observando el ángulo de luz que entra al mediodía y que se va cerrando a partir de entonces, con cuidado de no tocar el dibujo de esa puerta en el suelo, que abre y cierra mi mente. En el recinto en cambio todo está cifrado, de una forma u otra, como el ataúd resume el embrollo de una vida, más en forma de columna, de hecho el recinto no es más ancho que una columna, creo que no lo he dicho, y si quepo es por la estrechez de mi mente, de donde mi cuerpo cuelga como el hilo de una cometa, fiel a lo trémulo y lo frágil. En ese ángulo en el aire, sí, podría decirse que en ese ángulo el mundo se refleja, se prende al menos desde dentro, reflejo que llega desde el interior.


RECINTO (3)


¿Un recinto donde uno escriba de pie y a oscuras, conociendo el mundo por omisión, palpando el mundo por su hueco, decidiendo que la luz, que lo bonito, necesariamente, es lo que se va? Siendo injustos con este mundo, diría que no hace falta haberlo conocido para contarlo. Pero soy injusto y estar de pie no consuela mi sentido de belleza, me obliga a observarlo a ciegas y en tensión, sostenido a puro hierro por mi centro, bajo el ombligo, donde está el último clavo que selló mi construcción.


RECINTO (2)



Fueron años, los veo bien ahora, ahora que los años se despejan y a lo lejos el recinto se alza y se perfila claro cuando se resuelve el clima, los brochazos se separan y lo descubren, ahora lo veo bien sobre la colina. El recinto: de esto pretendía hablar, era allí dentro donde se confirmaban los sueños.

El recinto: templo de un solo piso, casita de una entrada sin puerta, sólo el oscuro arco presiente el interior, el dintel que Atrévete a entrar donde te aceptan, parece decir. Un templo de techo bajo, por tejado tiene una cúpula de metal, un poco de curva de observatorio tiene, con estrellas tachonadas, un huevo de metal primigenio sobre paredes de piedra. Y más de cabina de piedra tiene, para que uno entre y piense de pie, duerma de pie, y coma poco o nada, se consagre al agua bebida de pie, recibida como un tallo.


RECINTO (1)

Tantos años hablando de una cosa que no he visto, que desconozco. He pasado años ante una ventana que se abre a un muro de ladrillo, que me ofrece ladrillo, años describiendo los pliegues del ladrillo como si fueran un mapa visto desde arriba, viendo ríos labrados, columpios solos, estelas de un solo nado, líneas de personas que viven separadas pero no se descruzan.

Llevo años contando años en que las palabras ocupaban el lugar de cosas, años en la perrera oscura, esperando al visitante justo, hospedería de perros, lámparas que no se acercan a buscar.



Le diste la noche...




Le diste la noche a tu mujer. Está bien. Se la diste al sacarte los ojos como dos bombillas. Lo tiene aceptado. En la noche, se pinta las uñas de rojo y, si acierta, aún distingue cinco llamas temblando.

A veces sale afuera y coloca dos sillas para mirar el cielo. Algún gato se le acerca y quiere subirse a la vacía, equivocado. No, no, esta silla es un cerco, debe estar vacía, dispuesta para el muerto.




UN VASO DE AGUA

en la mesilla basta
para prevenir la sed
durante toda la noche.

Debe ser la presencia
de agua en la habitación
o pasos por el desierto

de una memoria prestada,
los pasos de otros
por siglos sedientos,
recorriendo España.



BEETLEBUM

Mostró su fuerza al mundo
y el mundo la aceptó.
La reconoció como algo necesario,
aunque estuviera hecha de grandes heces de animal.

Él se entristeció: quería ser recordado
por lo difícil, por eso que le costaba,
su trabajo más terco sobre la piedra.
Esto el mundo lo negó, lo canceló de sus esferas.






Sueño del 24 de junio



Mi amigo Andrés me cuenta que durante la Edad Media, algunos niños nacían con ramas monstruosas en la cabeza. La madre moría durante el parto, desgarrada, y se consideraba que el niño era un engendro del diablo, de quien habría heredado la cornamenta de madera, en realidad más parecida a la de un ciervo. Me dice también que las pinturas de Goya sobre aquelarres, en las que se ve a un gran macho cabrío, hacen referencia a esto. El fenómeno era llamado 'nacimiento de fuego', por el dolor que provocaba. Mientras hablamos, veo perfectamente los cuernos de madera, retorcidos, en la cabeza de estos niños.


COSAS ASÍ



- Tras el arroyo comienza la frontera- dice Nami sentado ante el arroyo.
  Sura, con los codos aún en la hierba, se incorpora un poco para mirar el arroyo.
  - Querrás decir que el arroyo es la frontera.
  - ¿Y qué diferencia hay?
  Sura se cubre los ojos con la mano. El sol lleva detenido muchas horas en el mismo lugar.
  - Es como decir que la nuca tiene un detrás. La nuca es el detrás de la cabeza.
  Nami coge una piedrecita y la lanza a las aguas someras.
  - Es lo mismo.
  Sura se gira un poco y mira los largos campos de trigo. Ve unos cuantos mirlos salir volando del amarillo, algunas chicharras se interrumpen unos segundos. Y entonces se hace perceptible un rumor acompasado y veloz. Sura dice:
  - Se acerca alguien. Oigo pasos.
  Nami se gira. Dice:
  - Vas a ver quién es-. Sura querría haber oído expectación en esas palabras, pero la última sílaba se ha hundido en la garganta de Nami, como un cuco retrayéndose en un tronco.
  El roce de ropa y espigas se detiene a pocos metros. Se puede ver una coronilla de pelo negro detenida entre los altos juncos, delante de los chicos. Nami se ha levantado y tiene el cuerpo en tensión. Pero la cabeza se encamina a la derecha y avanza en esa dirección, hasta que desaparece y dejan de oírse los pasos restregados.
  - Está buscando el puente- dice Sura.
  Los dos chicos se quedan mirando en esa dirección. Tras unos minutos, en la lejanía visible sale un hombre de entre los juncos, y cruza las aguas por un vado hecho de vigas de madera. Carga un bulto en los brazos, envuelto en una tela que parece muy blanca, hecha de luz blanca.
  Ya en la otra ribera el hombre camina y se pierde entre los árboles.
  - ¿Te has fijado? - susurra Sura.- Se llevaba a otro.
  - Podría ser un animal- contesta Nami, inquieto.- En la cuneta siempre hay gatos y conejos. Yo siempre veo.
  - Pero están ya muertos... - De inmediato Sura se arrepiente de insistir en ello. Después de todo, piensa, Nami tiene, o tenía, tres hermanos pequeños.
  Nami se sienta cabizbajo. Tira una piedra más grande al arroyo. Dice:
  - ¿Lo ves? Todo lo de allá es la frontera. Todo es diferente en ese lado.
  Sura se sienta y no dice nada. Ya se sabe que vivir en la frontera tiene cosas así.




Sobre 'Els noms dels seus déus', de Ruy d'Aleixo

A finales de mayo se presentó el libro de cuentos 'Els noms dels seus déus', del escritor birmano-catalán Ruy d'Aleixo. Estas son las notas que leí a propósito del libro.


L'ètica d'intentar-ho


Els noms dels seus déus, el temps és com un dial de ràdio. Segons cap on apunti, tocarà el futur, el passat o el present. Però en totes tres estàncies tot és imaginat, imperfecte. En aquest llibre, el passat correspon a la màgia; el futur, a la por de races i societats desconegudes; i el present, a la impossibilitat de conèixer el present. Movent la rodeta del dial, sentirem una veu que va explicant aquests paratges, i que per molt que viatgi és la mateixa: en tots els desplaçaments d'aquest contes identificarem un home falsament innocent, que no acaba d'entendre la seva vida però que sempre abraça el seu destí sense queixa, com un presoner que torça sempre a l'esquerra a tots els trencants d'un laberint, sense parar-se a pensar en el centre.

      A Els noms dels seus déus la irrealitat forma part del fluid de la realitat. Per això és difícil dir que contes com ‘El tros de pa’ i ‘Primavera nuclear’, situats en temps o potser en planetes llunyans, siguin futuristes o de ciència-ficció. Més aviat semblen cròniques d'un present alternatiu, alterat per un demiurg sàdic i contemplatiu.

     Aquest dimoni subaltern, evidentment, és la imaginació del Ruy d'Aleixo. Diria que al llibre trobem dues modalitats d'imaginació: aquella on la meravella és manifesta i intervé directament a la vida dels afectats; i aquella on tot passa en una altra banda, en secret, condicionant els protagonistes. Per això llegireu contes estranys perquè estan situats en un món místic, a la Índia del passat potser, o en una distòpia violenta governada per una burocràcia religiosa; però trobareu també contes estranys perquè són com un escenari perfectament il.luminat i decorat però buit durant la representació: el lector ha d'acabar-los. I perquè totes dues categories de contes estan escrits en la llibertat de la imaginació, el poder de recreació del lector serà anàleg. Igual que el millor art, aquest llibre dóna ganes de crear, de pensar, per gust i diversió, en un 'què passaria si'.

     Dins de tota aquesta varietat de situacions, hi ha dues constants al llibre. Ja he mencionat la veu, el fil entre vasos, l'ànima pitagòrica que, de conte en conte, viatja entre realitats i explica el que troba. L'altra constant és d'ordre formal, i és la moral que es pot extreure de tots els contes. Es tracta sobretot d'una moral estètica, contemplativa. L'observació dels éssers humans en circumstàncies extremes acaba generant un codi de conducta, sigui com a ensenyança o perquè brilla per la seva absència. El Ruy d'Aleixo no ens vol adoctrinar, sinó més aviat mostrar les conseqüències de certes decisions. En alguns casos, tindrem la sensació de saber més que els protagonistes, com a 'La casa d'Ayodhya' o 'L'home que volia ser.' D'altres vegades, no estarem segurs de si el càstig o la recompensa és una lliçó del món, com a 'Veluvana' i 'Retaule del condemnat.' En tot cas, de cada conte podem extreure'n una mena d'ètica, de vegades mundana, de vegades fantàstica.

    Per tot això, veurem que la puresa és un tema important. Els personatges d'aquests contes volen no equivocar-se. Exerceixen la violència més despietada després d'entregar el seu cor; roben i accepten que la condemna caigui sobre tota la seva família; són malalts terminals que noblement mai no amaguen la seva condició; o són esclaus inútils i assassins que vivien amd un propòsit d'esmena. A Els noms dels seus déus, l'ètica no es construeix amb bones accions sinó amb l'acceptació total de les pròpies circumstàncies. Només no rebutjant a res s'arriba al ple autoconeixement.

  I respecte això voldria acabar amb uns versos del poeta àrab Issn el Traseünt, citat justament al conte que dóna títol al volum:

Això és el destí:
regar sota els teus peus
perquè les flors
creixin en un altre país.


Sueño del 4 de septiembre




Despierto en un hospital. Al parecer, me han anestesiado para hacerme unas pruebas médicas. Me han insertado unas pequeñas agujas en la sien y en el oído, y unos tubos en el torso para medir mis constantes. Un médico me conduce a una habitación blanca y azul donde una doctora sostiene un gran marco vacío. En él, sobre un fondo negro se puede ver mi interior. Mis pulmones están hechos de unos compartimentos amarillos, como bandejas, pero el izquierdo tiene dos y el derecho tres. Ese desequilibrio es nocivo. La doctora me comunica también que mi corazón es muy pequeño y que lo mejor será operarlo. Me dejan solo en la sala. Sobre una mesa de metal veo entonces mi órganos y entiendo que en realidad me los han extraído para examinarlos mejor. Mis pulmones parecen dos pequeños filetes de lomo crudo, y temo que alguien venga y se los coma. Yo mismo siento la tentación de hacerlo.


Un poema de Paul Celan



Irisch

Gib mir das Wegrecht
über die Kornstiege zu deinem Schlaf,
das Wegrecht
über den Schlafpfad,
das Recht, daß ich Torf stechen kann
am Herzhang,
morgen.

*

Irlandés

Dame derecho de tránsito
sobre la escalera de maíz hacia tu sueño,
el derecho de tránsito
sobre el sendero del sueño,
el derecho de poder sacar turba
en la pendiente del corazón,
mañana.

-
turba: combustible fósil formado de residuos vegetales acumulados en sitios pantanosos, aparentemente
abundante en Irlanda.