CELDA

Barro mi piso como una celda y el silencio me propone preguntas, se adhiere a las cuatro paredes. Por ejemplo cuál es la distancia entre mi puerta y la puerta de al lado, casillas de un mismo claustro.

A través del yeso llega una voz apagada: No te toca decidir estas cosas, no eres el que piensa, eres el pensado. Es el canto de otro más sabio que yo, que no barre, que sólo está sentado esperando. Su respeto por la obra es alejarse de la obra.


SIGLO



Nacer en el siglo equivocado
no es gran tragedia,
¿pero quién te creería?

Tu silueta negra bailaba
sobre un fondo blanco
con toda la quietud posible,
en el año que fue el último
de la vida privada. Te recortaron
por los puntos, volaste
sobre parques noucentistas.
Y acabaste ante un escritorio
escribiendo poemas
que ibas a enviar, sonámbula,
como cartas al pasado.


RECINTO (4)

Siendo uno que se consume en la colina, podría decir que el mundo cabe en un recinto. No en mi mente, que toca en seguida sus límites de cartón pintado, sino en el recinto donde mi mente flota, observando el ángulo de luz que entra al mediodía y que se va cerrando a partir de entonces, con cuidado de no tocar el dibujo de esa puerta en el suelo, que abre y cierra mi mente. En el recinto en cambio todo está cifrado, de una forma u otra, como el ataúd resume el embrollo de una vida, más en forma de columna, de hecho el recinto no es más ancho que una columna, creo que no lo he dicho, y si quepo es por la estrechez de mi mente, de donde mi cuerpo cuelga como el hilo de una cometa, fiel a lo trémulo y lo frágil. En ese ángulo en el aire, sí, podría decirse que en ese ángulo el mundo se refleja, se prende al menos desde dentro, reflejo que llega desde el interior.


RECINTO (3)


¿Un recinto donde uno escriba de pie y a oscuras, conociendo el mundo por omisión, palpando el mundo por su hueco, decidiendo que la luz, que lo bonito, necesariamente, es lo que se va? Siendo injustos con este mundo, diría que no hace falta haberlo conocido para contarlo. Pero soy injusto y estar de pie no consuela mi sentido de belleza, me obliga a observarlo a ciegas y en tensión, sostenido a puro hierro por mi centro, bajo el ombligo, donde está el último clavo que selló mi construcción.


RECINTO (2)



Fueron años, los veo bien ahora, ahora que los años se despejan y a lo lejos el recinto se alza y se perfila claro cuando se resuelve el clima, los brochazos se separan y lo descubren, ahora lo veo bien sobre la colina. El recinto: de esto pretendía hablar, era allí dentro donde se confirmaban los sueños.

El recinto: templo de un solo piso, casita de una entrada sin puerta, sólo el oscuro arco presiente el interior, el dintel que Atrévete a entrar donde te aceptan, parece decir. Un templo de techo bajo, por tejado tiene una cúpula de metal, un poco de curva de observatorio tiene, con estrellas tachonadas, un huevo de metal primigenio sobre paredes de piedra. Y más de cabina de piedra tiene, para que uno entre y piense de pie, duerma de pie, y coma poco o nada, se consagre al agua bebida de pie, recibida como un tallo.


RECINTO (1)

Tantos años hablando de una cosa que no he visto, que desconozco. He pasado años ante una ventana que se abre a un muro de ladrillo, que me ofrece ladrillo, años describiendo los pliegues del ladrillo como si fueran un mapa visto desde arriba, viendo ríos labrados, columpios solos, estelas de un solo nado, líneas de personas que viven separadas pero no se descruzan.

Llevo años contando años en que las palabras ocupaban el lugar de cosas, años en la perrera oscura, esperando al visitante justo, hospedería de perros, lámparas que no se acercan a buscar.



Le diste la noche...




Le diste la noche a tu mujer. Está bien. Se la diste al sacarte los ojos como dos bombillas. Lo tiene aceptado. En la noche, se pinta las uñas de rojo y, si acierta, aún distingue cinco llamas temblando.

A veces sale afuera y coloca dos sillas para mirar el cielo. Algún gato se le acerca y quiere subirse a la vacía, equivocado. No, no, esta silla es un cerco, debe estar vacía, dispuesta para el muerto.




UN VASO DE AGUA

en la mesilla basta
para prevenir la sed
durante toda la noche.

Debe ser la presencia
de agua en la habitación
o pasos por el desierto

de una memoria prestada,
los pasos de otros
por siglos sedientos,
recorriendo España.



BEETLEBUM

Mostró su fuerza al mundo
y el mundo la aceptó.
La reconoció como algo necesario,
aunque estuviera hecha de grandes heces de animal.

Él se entristeció: quería ser recordado
por lo difícil, por eso que le costaba,
su trabajo más terco sobre la piedra.
Esto el mundo lo negó, lo canceló de sus esferas.






Sueño del 24 de junio



Mi amigo Andrés me cuenta que durante la Edad Media, algunos niños nacían con ramas monstruosas en la cabeza. La madre moría durante el parto, desgarrada, y se consideraba que el niño era un engendro del diablo, de quien habría heredado la cornamenta de madera, en realidad más parecida a la de un ciervo. Me dice también que las pinturas de Goya sobre aquelarres, en las que se ve a un gran macho cabrío, hacen referencia a esto. El fenómeno era llamado 'nacimiento de fuego', por el dolor que provocaba. Mientras hablamos, veo perfectamente los cuernos de madera, retorcidos, en la cabeza de estos niños.


COSAS ASÍ



- Tras el arroyo comienza la frontera- dice Nami sentado ante el arroyo.
  Sura, con los codos aún en la hierba, se incorpora un poco para mirar el arroyo.
  - Querrás decir que el arroyo es la frontera.
  - ¿Y qué diferencia hay?
  Sura se cubre los ojos con la mano. El sol lleva detenido muchas horas en el mismo lugar.
  - Es como decir que la nuca tiene un detrás. La nuca es el detrás de la cabeza.
  Nami coge una piedrecita y la lanza a las aguas someras.
  - Es lo mismo.
  Sura se gira un poco y mira los largos campos de trigo. Ve unos cuantos mirlos salir volando del amarillo, algunas chicharras se interrumpen unos segundos. Y entonces se hace perceptible un rumor acompasado y veloz. Sura dice:
  - Se acerca alguien. Oigo pasos.
  Nami se gira. Dice:
  - Vas a ver quién es-. Sura querría haber oído expectación en esas palabras, pero la última sílaba se ha hundido en la garganta de Nami, como un cuco retrayéndose en un tronco.
  El roce de ropa y espigas se detiene a pocos metros. Se puede ver una coronilla de pelo negro detenida entre los altos juncos, delante de los chicos. Nami se ha levantado y tiene el cuerpo en tensión. Pero la cabeza se encamina a la derecha y avanza en esa dirección, hasta que desaparece y dejan de oírse los pasos restregados.
  - Está buscando el puente- dice Sura.
  Los dos chicos se quedan mirando en esa dirección. Tras unos minutos, en la lejanía visible sale un hombre de entre los juncos, y cruza las aguas por un vado hecho de vigas de madera. Carga un bulto en los brazos, envuelto en una tela que parece muy blanca, hecha de luz blanca.
  Ya en la otra ribera el hombre camina y se pierde entre los árboles.
  - ¿Te has fijado? - susurra Sura.- Se llevaba a otro.
  - Podría ser un animal- contesta Nami, inquieto.- En la cuneta siempre hay gatos y conejos. Yo siempre veo.
  - Pero están ya muertos... - De inmediato Sura se arrepiente de insistir en ello. Después de todo, piensa, Nami tiene, o tenía, tres hermanos pequeños.
  Nami se sienta cabizbajo. Tira una piedra más grande al arroyo. Dice:
  - ¿Lo ves? Todo lo de allá es la frontera. Todo es diferente en ese lado.
  Sura se sienta y no dice nada. Ya se sabe que vivir en la frontera tiene cosas así.




Sobre 'Els noms dels seus déus', de Ruy d'Aleixo

A finales de mayo se presentó el libro de cuentos 'Els noms dels seus déus', del escritor birmano-catalán Ruy d'Aleixo. Estas son las notas que leí a propósito del libro.


L'ètica d'intentar-ho


Els noms dels seus déus, el temps és com un dial de ràdio. Segons cap on apunti, tocarà el futur, el passat o el present. Però en totes tres estàncies tot és imaginat, imperfecte. En aquest llibre, el passat correspon a la màgia; el futur, a la por de races i societats desconegudes; i el present, a la impossibilitat de conèixer el present. Movent la rodeta del dial, sentirem una veu que va explicant aquests paratges, i que per molt que viatgi és la mateixa: en tots els desplaçaments d'aquest contes identificarem un home falsament innocent, que no acaba d'entendre la seva vida però que sempre abraça el seu destí sense queixa, com un presoner que torça sempre a l'esquerra a tots els trencants d'un laberint, sense parar-se a pensar en el centre.

      A Els noms dels seus déus la irrealitat forma part del fluid de la realitat. Per això és difícil dir que contes com ‘El tros de pa’ i ‘Primavera nuclear’, situats en temps o potser en planetes llunyans, siguin futuristes o de ciència-ficció. Més aviat semblen cròniques d'un present alternatiu, alterat per un demiurg sàdic i contemplatiu.

     Aquest dimoni subaltern, evidentment, és la imaginació del Ruy d'Aleixo. Diria que al llibre trobem dues modalitats d'imaginació: aquella on la meravella és manifesta i intervé directament a la vida dels afectats; i aquella on tot passa en una altra banda, en secret, condicionant els protagonistes. Per això llegireu contes estranys perquè estan situats en un món místic, a la Índia del passat potser, o en una distòpia violenta governada per una burocràcia religiosa; però trobareu també contes estranys perquè són com un escenari perfectament il.luminat i decorat però buit durant la representació: el lector ha d'acabar-los. I perquè totes dues categories de contes estan escrits en la llibertat de la imaginació, el poder de recreació del lector serà anàleg. Igual que el millor art, aquest llibre dóna ganes de crear, de pensar, per gust i diversió, en un 'què passaria si'.

     Dins de tota aquesta varietat de situacions, hi ha dues constants al llibre. Ja he mencionat la veu, el fil entre vasos, l'ànima pitagòrica que, de conte en conte, viatja entre realitats i explica el que troba. L'altra constant és d'ordre formal, i és la moral que es pot extreure de tots els contes. Es tracta sobretot d'una moral estètica, contemplativa. L'observació dels éssers humans en circumstàncies extremes acaba generant un codi de conducta, sigui com a ensenyança o perquè brilla per la seva absència. El Ruy d'Aleixo no ens vol adoctrinar, sinó més aviat mostrar les conseqüències de certes decisions. En alguns casos, tindrem la sensació de saber més que els protagonistes, com a 'La casa d'Ayodhya' o 'L'home que volia ser.' D'altres vegades, no estarem segurs de si el càstig o la recompensa és una lliçó del món, com a 'Veluvana' i 'Retaule del condemnat.' En tot cas, de cada conte podem extreure'n una mena d'ètica, de vegades mundana, de vegades fantàstica.

    Per tot això, veurem que la puresa és un tema important. Els personatges d'aquests contes volen no equivocar-se. Exerceixen la violència més despietada després d'entregar el seu cor; roben i accepten que la condemna caigui sobre tota la seva família; són malalts terminals que noblement mai no amaguen la seva condició; o són esclaus inútils i assassins que vivien amd un propòsit d'esmena. A Els noms dels seus déus, l'ètica no es construeix amb bones accions sinó amb l'acceptació total de les pròpies circumstàncies. Només no rebutjant a res s'arriba al ple autoconeixement.

  I respecte això voldria acabar amb uns versos del poeta àrab Issn el Traseünt, citat justament al conte que dóna títol al volum:

Això és el destí:
regar sota els teus peus
perquè les flors
creixin en un altre país.


Sueño del 4 de septiembre




Despierto en un hospital. Al parecer, me han anestesiado para hacerme unas pruebas médicas. Me han insertado unas pequeñas agujas en la sien y en el oído, y unos tubos en el torso para medir mis constantes. Un médico me conduce a una habitación blanca y azul donde una doctora sostiene un gran marco vacío. En él, sobre un fondo negro se puede ver mi interior. Mis pulmones están hechos de unos compartimentos amarillos, como bandejas, pero el izquierdo tiene dos y el derecho tres. Ese desequilibrio es nocivo. La doctora me comunica también que mi corazón es muy pequeño y que lo mejor será operarlo. Me dejan solo en la sala. Sobre una mesa de metal veo entonces mi órganos y entiendo que en realidad me los han extraído para examinarlos mejor. Mis pulmones parecen dos pequeños filetes de lomo crudo, y temo que alguien venga y se los coma. Yo mismo siento la tentación de hacerlo.