Playa




Toda la fuerza del mar,
para mostrarla no necesita
alterar una ola
pero está ahí, inamovible,

(¿debes mostrar tú
dónde te trabajan
los yunques, constantes?)

y lo sepas o no,
te ha visto nacer y te dará
la segunda orilla.


Lectura en Córdoba


Cartel diseñado por Pedro Peinado.

Una falsa traducción de Ted Hughes




Un último recado de Cuervo


Cuervo pasó un tiempo observando
en los alféizares y dijo
'Son exigentes los vivos'.
Así que transió a los hombres
con un agujero
profundo como las entrañas del océano
y palpitante como las entrañas de una vaca
para que aprendieran
el verdadero dolor y la verdadera pérdida.

Luego mientras contaba con gusanos
sus días y brincaba en la tierra
húmeda del cementerio
Cuervo se posó en las lápidas
y observó. Y vio que los muertos
no aceptaban flores
ni correspondían a ruegos
y no cambiaban su rencor.

Sus huesos y los copos de su piel
seguían obedientes a la tierra.
La risotada de Cuervo
fue como una tos.
No se había equivocado.


Black beauty I love you so



'Casas rivales' según Marilena de Chiara


                             (foto: Mar Modolell)


El siguiente texto recoge la lectura de 'Casas rivales' que Marilena de Chiara compartió con todos en la librería Pequod el pasado junio. Muchas gracias, Marilena, por toda la inteligencia y cariño que pusiste en tus palabras.

*

Casas rivales, por Marilena de Chiara

Pluralidad y dualidad desde el mismo título: Casas (con la densidad semántica que el término implica) y Rivales (del latín rivalis, el quien vivía a orillas del río y tenía derecho a navegar por él). Es decir: casas enfrentadas, orillas rivales, orillas de ríos. El río: la vida (Heráclito).

La vida, el amor, el viaje alrededor del pequeño mundo de uno mismo. ¿Y ahora? […] Todo lo que ha visto esa vieja colina. Cambian los nombres: eso es todo. […] Uno cree que está escapando y se encuentra de manos a boca con uno mismo. El camino más largo es el más corto para llegar a casa.
Ulises – Joyce, XIII Nausícaa

El Ulises como Odisea de la prosa.
Casas Rivales como Odisea de la poesía.
La búsqueda, la espera, la migración, el nomadismo, el hogar (¿real?¿ficcional? ¿sentimental? ¿histórico? ¿visible? ¿literario?). La llegada, finalmente.
Casas Rivales es todos los hogares: lugares reales, personajes de ficción, acontecimientos históricos, los puertos seguros del universo poético que Rafa construye. Los referentes de la tradición clásica, propiamente lírica (es decir: canto, himno, ritualidad y virtualidad del lenguaje). Varios explícitos (ya presentes en Paisaje con reflejo y estamentos) y muchos en los intersticios de los versos.
Desfilan Homero, Virgilio, Ovidio, Shakespeare, Kafka, Rilke. Rafa se apropia de la tradición y la personaliza, devolviéndola a sus versos con huella propia, tanto en los temas como en las estructuras. Hay coros, hay dioses, hay mitos, pero actualizados, desde un lugar literario donde tradición de referencia y poética propia dialogan entre versos. Y así Virgilio, Horacio, Bruto no son aquí los poetas, sino personajes de ese universo literario. Es meta-poesía: una reflexión sobre el género y su codificación, desde dentro.
Rafa domina las herramientas del lenguaje, la distribución pulcra de los versos, las anáforas, las metonimias, y sin embargo las diluye en una lengua que es palimpsesto de la lírica clásica. A través del viaje como metáfora aglutinante.

Casas Rivales recorre la Odisea del yo poético en cuatro partes que son, en realidad, cuatro etapas del viaje hacia Ítaca. Es decir: hacia el lenguaje y su concreción en palabras que, en su desvanecerse efímero, se hacen memoria. Memorias de viajes.

      1. La Espera
      2. El Tiempo de la Espera
      3. El Espacio de la Espera
          4.  La Llegada y la Espera.

Circularidad de la estructura (no es casual que el poema que titula todo el libro sea justamente el último). Esta circularidad confirma un proyecto literario coherente: los poemas son episodios del viaje de Ulises / yo poético / Rafa. Además: las cuatro partes son especulares (la primera es una variación de la última, o viceversa; la segunda y la tercera se complementan).

La Espera de otro encuentro, del camino que nos dimos uno al otro como una novedad, entre el acercamiento y la separación. Es Ulises que narra sus aventuras, acogido por Nausícaa, hija del rey Alcinoo (el poema Relieve). Es la búsqueda shakespeariana de un sentido ante la historia de guerras internas: (soneto 129 de Shakespeare): júbilo al gozar, después penuria, promesa de alegría, luego un sueño.
Y el tiempo de los sueños es un tiempo que no tiene memoria, renovándose en la circularidad del viaje (como en el poema Inception). El poema La llegada relata una llegada inacabada, suspendida en el tiempo. Y la sección termina con Nomadismo: la mudanza de los pensamientos, de las memorias, de los sueños en los espacios de la espera.
Y justamente en esa tercera parte del poemario se encuentra el poema Odisea: las manos que te atendieron en cada orilla desaparecen aún. No intentas tocarlas. Una vez más, el viaje, la búsqueda se gesta en un espacio poético, hacia la llegada final. Otra referencia a Ulises en Metabolismo: hasta que un mendigo te señale reconociéndote como un ángel que se fue. En Homero, Ulises es el mendigo y su perro, Argos, quien lo reconoce para morirse inmediatamente después. Es la señal de la llegada.
Finis Coronat Opus, el fin corona la obra. El lugar es el mismo (en el poema Mano): esa nueva Ítaca del lenguaje, una nueva espera, las palabras rivales. Casas rivales.

Sueño del 12 de junio de 2013


Irene y yo asistimos a una actuación de Didac Alcaraz. Se hace en su casa. Esperamos, junto con un reducido grupo de gente, ante la entrada de lo que parece ser una capilla. Una vez dentro, la actuación empieza, difusamente. Una chica muy delgada del público hace comentarios. Irene se lo reprocha diciendo: '¿Es que en tu casa no te enseñaron a callar?' Como la chica sigue hablando, Irene le dice, exasperada: '¿Sabes lo que es la mierda blanca? Tú eres mierda blanca.' Significa que esta persona pretende ser moderna y especial pero que en realidad no vale nada. La actuación prosigue, ajena. Hay diferentes escenas. En una, Didac toca una guitarra, cantando frases sin sentido. Nosotros nos morimos de risa, pero el resto de gente guarda silencio. En otra escena, tres enanos sentados en un sofá rojo interpretan a los reyes magos. Baltasar, que finalmente no es enano, dice frases sin sentido, usando sobre todo verbos en infinitivo. De nuevo, me parto de risa, haciendo un sonido de hiena. A cierto punto, Didac se pierde por la casa pero sin dejar de cantar. Nosotros aprovechamos para explorarla. El lavabo, de colores chillones, tiene una disposición absurda. En el comedor, sobre una estantería descubrimos, ordenados alfabéticamente, los libros de una editorial que Didac parece tener. Son libros de los que se hace un solo ejemplar tallado en madera. Las láminas tienen relieve y están pintadas a mano. Un libro está hecho de grandes hojas de árboles cosidas en páginas de tela. Otro que atrae mucho nuestra atención se titula 'El pelo de mamá.' Las páginas tienen cosidas largas cabelleras y el libro viene con un peine. Por alguna razón, me parece que no debemos tocar ese libro en concreto e insisto en que lo devolvamos al estante.

Una falsa traducción de Rilke




Tú no vienes
a la boca que teme llamarte.
Estos, los silenciosos,
se admiran
del desnivel de tus manos
sobre su mesa.

Y cuando envías a los tuyos
bajo caras de hombre
tampoco saben ayudarles:
callados porque saben más
vienen de la región construida,
fulgurando
desde el este de las grandes nubes
incendiarias.