Sueño del 16 de noviembre de 2016: La obra de teatro


Participo en una adaptación teatral de La metamorfosis. Se hace en el comedor de una casa y sólo hay una persona de público. Los actores somos una mujer de mediana edad, notablemente fea, y yo. Interpretamos el papel de los habitantes de esa casa. Empieza la obra. Llaman a la puerta y aparece un hombre alto y delgado, con aspecto enfermizo. Por un momento me salgo de mi papel y digo: ‘No… Tenía que ser un insecto’, pues, hasta donde yo recuerdo, en aquel momento tenía que hacer aparición la cucaracha gigante. Los actores no me hacen caso, la escena sigue. El hombre nos enseña dos móviles, vemos fotos antiguas de él: era un torero ‘olímpico’ muy reconocido y ahora es una nulidad. Se entiende que esa es su cualidad de insecto humano. Se sienta en el sofá, abatido. Nos explica sus penas, nosotros intentamos consolarlo. Yo sigo esperando que en algún momento se opere la transformación; pero rápido, porque sé que la obra es muy corta.

Sueño del 8 de agosto: Altísimo




Mar y yo estamos ante una enorme ventana rectangular. Se ven algunas luces de ciudad y estrellas, pero la oscuridad dentro y fuera es casi total. Entonces una silueta empieza a tapar poco a poco las luces, y entiendo que detrás de nosotros hay una especie de gigante que se está levantando. Siento mucho miedo y le digo a Mar ‘¡Es altísimo, altísimo!’ Nos abrazamos a la espera de que pase algo, hasta que todo queda en completa oscuridad.


I si et fan fora



I si et fan fora
de la llar de foc
què faràs, inútil
bola de greix?
A qui aniràs a plorar
si fins i tot per això
necessites un títol?

Deixa’m tancar les finestres
abans que arribi
la teva plaga fins aquí,
que ja veig que tornaràs
a donar-te cops
contra el llom de la vaca,
com si aquesta fos
la teva casa.


Cada cop



Cada cop que parles dels morts
fas un pas enrere,
te'ls apropes. I no
són morts antics,
alguns encara
pengen dels últims nervis.

Tu
què vols ser? On
vols estar, que parles
del riu des del riu?


A la cel·la romboïdal



A la cel·la romboïdal
que carregues
al teu voltant
i que exclou els altres,
les fotos comencen
a caure de les parets.

Escombra-les. Contempla
l’obra des de fora.
N’estàs molt lluny

i no ets qui pensa,
ets el pensat.




Una cosa por otra




Una cosa por otra. Dame un niño que no llega a la mitad de la cama. Abre la puerta a medianoche y mira el destello de su corazón sobre la sábana. Él cuenta con esta mirada, con la coraza que le falta. Cada noche es la primera.

¿Qué puedo decirte? Cuando despierte y alcance las cercanías de tu edad, te dirá que dudaste, que nada sintió de tus cuidados. No vendrá a llamar a tu cuarto. Una cosa, te pedirá, dame una cosa por la otra.

'Sistemas inestables', de Rubén Martín


[reseña publicada en Quimera. Revista de literatura, núm. 189, abril 2016]

Sistemas inestables
Rubén Martín
Bartleby Editores: Madrid, 2015


Libro de procesos

Sistemas inestables, del granadino Rubén Martín, es un poemario extenso, compuesto por cinco partes, que alterna tiradas de versos largos con poemas en prosa. Los juegos tipográficos son frecuentes. El libro tiene una vocación declarada de innovar, o por lo menos de explorar nuevos territorios en poesía.

La sección que lo abre, titulada 'Contemplación / En blanco / El retroceso', parece situarnos en el interior del mismo libro, como si viéramos desde dentro cómo el autor lo escribe. A través de poemas y de extractos de su diario, en los que reflexiona sobre sus procesos creativos, leemos no sólo su poesía sino también su poética: 'Hay que entrar en el acto de mirar esta pared igual que se penetra // por primera vez un templo'. La pared, la página en blanco, se va construyendo. La siguiente sección nos sitúa en la obra del fotógrafo francés Antoine d'Ágata. Se trata de una serie de poemas en prosa ('Borradores para un poema en reacción a Anticorps') que dan una réplica verbal a las impresionantes fotos de d'Ágata. La violencia del submundo que retrata se respira en los poemas, que transmiten, físicamente, la misma intensidad. Estos poemas son en efecto borradores: incluyen frases tachadas, que están y no están en el texto final, y que recogen a veces la reflexión del autor sobre lo que está escribiendo ('¿te repugna lo de estómago? si lo tachas, ¿sobrevive más la imagen?'). Así, además de integrar dos voces simultáneas, lo tachado implica al lector, que debe decidir cómo leer el poema; este poemario incluye su comentario, propone un análisis simultáneo a la lectura. Las dos secciones siguientes contienen también poemas en prosa. En 'Microfisuras / Sedimentos', Martín reelabora obras (cuadros, canciones, fotos) de otros artistas, las cuales comparten un carácter torturado. La sección 'Fármaco / Un tríptico', que mantiene este tono, viene a ser el equivalente en poema a una operación quirúrgica. La presencia de lepras, purgas y quirófanos sugiere el análisis o la búsqueda frenética de una enfermedad a través de un cuerpo y quizás de una mente.

La última parte del libro se titula 'No existen mapas / Fragmentos de un cortocircuito / Panorámica' y parece volver al tono y a la forma de la primera. Vuelve la reflexión sobre la poesía: 'Hacia una nueva forma. (...) / No existen mapas para estos territorios: es un proceso mudo'. Esta sección sin embargo ofrece imágenes más concretas, y tiene un aire futurista, decididamente distópico, donde la humanidad ha perdido la fe en la realidad y en las palabras. A esta oscuridad el autor contrapone sus credos: 'Creo en los orificios del lenguaje, la manera en que respiran y devuelven la mirada', e incluso afirma que un poema podría 'deformar la realidad' y 'sustituirla', aunque duda de la idoneidad del resultado. Entiendo que esta idea, más que un deseo factible, es un tema de la poesía moderna: qué hacer con la poesía si no modifica la realidad; o bien qué hacer con la realidad si esta rechaza la poesía como un cuerpo extraño. De ahí quizás la aparente preocupación de Martín por la posible insuficiencia de la poesía tal y como la conoce, y su esfuerzo por buscar alternativas. Hay en Sistemas inestables una reflexión continua sobre el arte y los procesos que intervienen, y el autor inevitablemente se ve escribiendo y examina sus poemas, es decir, cuestiona la realidad a través de su forma de percibirla, la poesía.

Esta desconfianza, por así llamarla, respecto a la lengua corriente impide la comunicación directa de la realidad. Las cosas del mundo no están presentes en Sistemas inestables, o están tan desordenadas que cuesta verlas. En una poesía tan desligada de sus referentes, el riesgo es que las deformaciones del lenguaje y de la tipografía nos distraigan de la idea, o incluso la anulen. Por eso, se agradecen los poemas que especifican sus referentes: contraponer el poema y la foto o pintura que lo haya motivado nos acerca más a la visión que este poemario propone.



Vímet

Vanitosament
amagant-te dels vilatans
no els permets
de veure’t com un igual.

Corre, diu l’ocell,
corre cap al bosc,
busca-hi el redós de la rosada,
tu fals
home de vímet.



Matinal

Matinal
et vénen a dur el tall
del teu cervell.
Se n’escapa una paraula
feta per podrir-te
el pensament.

Te la porta l'amic
volent-te ajudar.
Te la dóna el carnisser.
Te la dóna la florista
en un pom de gerberes

perquè et coneixen bé
i saben que és teva.



FÁBULA

Antes, cuando el hombre señalaba hacia arriba, mirábamos al cielo. Triángulos y bestias transparentes hacían de la noche su escritorio. Cada figura emergía con su rúbrica, cada monstruo nos consolaba con blancura.

Ahora en cambio miramos al hombre. Tiene los tobillos en la tierra y la cabeza ya en el éter azul, sus ojos muy cerca del fuego, una constelación en sí mismo, una fábula de reconstrucción.

Sueño del 23 de mayo: substitución


Estoy en una casa sin muebles, es de noche. Voy por un largo pasillo y al girarlo me encuentro con un monigote que representa la muerte. Me asusto, y enseguida veo que lo sostiene mi madre. Ella y mi tía lo han montado para mí. Consiste en un cráneo, quizás una máscara de carnaval, y dos garras atadas a un palo, todo cubierto con un abrigo verde. Le recrimino a mi madre que me haya asustado, especialmente porque, según parece, estoy enfermo y estos días ya me estoy encontrado con la muerte de verdad. Critico, en efecto, que su muñeco no se parezca a la verdadera muerte, y enseguida esta aparece. Es mucho más alta y no tiene garras visibles. Su cara es también un cráneo pero, curiosamente, mucho menos realista que la máscara del muñeco, es más fantasmal. Adivino que su cuerpo es una especie de largo palo. Lleva puesto también un abrigo verde con capucha. Me mira ofendida porque entiende que la quiero substituir, y hace ademán de irse. La intento retener, pero sólo porque el abrigo es mío y lo quiero de vuelta. Se escabulle rápidamente por el pasillo. La persigo hasta una puerta con barrotes, por la que ella pasa sin problemas. Miro y sólo me da tiempo de ver cómo desaparece por la calles, con el abrigo ahora amarillo, convertido en chubasquero.


ECLESIASTÉS


Haz tu obra según
la medida de tus fuerzas
pues por encima no hay nada
y por debajo ya estás tú.

Y no hay obras ni razón
ni gracia en el submundo
al que vas corriendo
y de cabeza.

Y si bajo el sol
te paraste a mirar alguna vez
ya sabrás que no es la lucha
siempre de los fuertes

ni la carrera para el veloz
ni las gracias son del elocuente,
o al menos no sucede siempre así
justamente.


Sueño del 20 de abril: ‘Dulce demora’


Voy con un grupo de gente por un camino lleno de barro, al aire libre. Tengo la cabeza baja, sólo veo sus piernas y sus bastones hundiéndose en el suelo. Creo recordar que en algún lado Borges escribe: ‘Yo caminaba siempre un poco por detrás de ella; así me di cuenta de que la amaba.’ En este texto (no sé si un cuento o un poema en prosa), se dice que esta mujer es una ‘dulce demora’, porque estar enamorado de ella hace que el narrador camine más lentamente. De alguna manera todo esto afecta a mi situación actual, pero no sé bien cómo.

OCIO

Delante de mí se sienta un hombre en chándal. De un cuaderno copia, con una caligrafía inventada, largas frases en una hoja en blanco, y las rodea con claudátors. Se duerme un poco entre frases y a veces entre palabras. La mano le resbala sobre el papel. La rayita de su pluma marca los segundos que ha cabeceado.

Intento leer lo que escribe. Parecen variaciones de una misma frase: 'Pero el sentido no es lo mismo.' Cuando saco mi libreta para escribir sobre esto, noto su mirada. Pienso que en aquella mesa, a ojos de los demás, él y yo nos parecemos. Por lo pronto, estamos escribiendo la misma frase sin saber qué significa.

En su centro de salud, más tarde, explicará que en la biblioteca un chico lo espiaba y escribía sobre él. Nadie le creerá.


THALASSA




1

La ciudad que imaginas
pasada la esfera del mar
contiene a uno como tú.

Evitará plantarte cara.
No le interesa disputarse
tus errores contigo.

Si tu barco amarra en el puerto del este
él ya estará esperando
en los muelles del sur.


2

El estudiante estudia sin saber qué hace.
Sobre el papel, las letras griegas
se despliegan sin un orden,
como huesitos de animales.

Oh pero está muy lejos aún,
muy lejos de la edad oportuna
para saber qué está pasando.
En la densidad de la palabra
él piensa en el piélago,
inextricable de tormentas y monstruos.
Y el papel no es otra cosa
que un trozo de Mediterráneo.




Sueño del 13 de febrero: El escarabajo

Desde lo alto de una pared me habla un escarabajo. Parece que existe desde hace mucho y ha ido acumulando conocimiento durante siglos. Me explica cosas trascendentes sobre la historia del mundo para que las apunte (no recuerdo ninguna). Sé que el escarabajo es Gregor Samsa. Entonces estamos al aire libre y bajamos por un muro altísimo. Yo voy detrás de él, no sé cómo me agarro al muro. Miro hacia abajo y veo neblina. Debajo se distinguen copas de árboles rojizos, y destellos quizás de fuego. El escarabajo se detiene y me informa de que eso es el infierno. Con algo de miedo dice que no tiene ganas de volver allí y que no piensa acercarse más.



CUENTO FANTÁSTICO



Ayer, desde la montaña,
vi un camino en el trigo
allá abajo, en los campos.

Hoy me paro en ese camino.
Veo la montaña a lo lejos
y sé que sigo allí arriba
mirándome,
o si no ahora
no lo sabría.





Polilla



A veces parece que los árboles te esperen, y corres. Y cuando llegas a su sombra ya no dicen nada.

Y el sol te recuerda al verano, tirándote del pelo como una riña en broma, al verano del cristal del mar demasiado grande entre las manos.

A veces te reclama una chica desde hace años, escondida tras la tapia de los años, porque piensa que tú sigues detrás. Y tus oídos, ahora antiguos, la han desaprendido y no entiendes su voz, que llega migrada, da tumbos y cae.




Sueño del 22 de enero: Los xenófobos


En la calle, se nos acercan unos repartidores de panfletos xenófobos. Se trata de una rama radical de la CUP, llamada MST, que querría expulsar a todos los no catalanoparlantes. Enseguida vienen otros repartidores, un chico y una chica peruanos, que reparten menús de restaurante, y nos preguntan, sonriendo, si estamos interesados en combatir la xenofobia; se trata de una burla contra los mensajes de la MST. Nos hacemos amigos. Nos sentamos a charlar en una mesas de picnic en un parque, en la plaza Francesc Macià. Hablamos del nacionalismo catalán, yo digo: 'Cuando un pueblo tiene una pasión, la moral baja.' Se quedan muy impresionados. Les digo que justamente la frase es de un escritor catalán, Josep Pla. A uno le gusta tanto que la escribe en el lomo que forman las hojas de un libro cerrado. A mi lado hay un enorme ordenador, asegurado a la mesa con varias maderas. Se trata del ordenador de Carme Balcells (aún vive), que tiene su mesa de trabajo en aquel parque y que llega al poco para unirse a nuestra conversación.


Pozos



Ahí estás de nuevo, insistiendo ante pozos sellados. O es que están abiertos y secos para tus manos, y nada sabes izar en ellos.

O es que las personas no son fondos hacia donde apuntar tu sed. Y si miras bien adentro y no ves un reflejo, tu cabeza recortada contra el cielo, te enfadas, eres injusto, les niegas el saludo. Y te das toda la razón para seguir caminando por el desierto.


Sueño del 30 de diciembre

Estoy en casa de mis abuelos, solo, y es la hora de comer. Decido hacerme unos espaguetis, y empiezo a prepararlos en un vagón de metro de la línea amarilla. Mientras la pasta se cuece no sé dónde, dispongo una televisión y un taburete para mirar algo mientras como, pero la presencia de los otros pasajeros me hace dudar de la conveniencia de esto. Me da vergüenza. Estoy además pendiente de no pasarme mi parada. Miro continuamente el mapa de la línea pero soy incapaz de leer los nombres de las paradas. Pienso: 'Este es el tipo de cosas que me pasan en los sueños.' Me doy cuenta entonces de que voy en la dirección opuesta, y me bajo en una parada que está fuera de la ciudad. El nombre de la estación es 'Los sarracenos' o 'Los nibelungos', puesto que de allí empieza una ruta histórica de una civilización cuyos restos pueden visitarse en la montaña. Camino por el andén y veo que parte de la vía está bajo un estanque, aunque eso no impide su uso. Del agua además sale un gran árbol hecho de dos o más troncos enredados entre sí. El reflejo de este árbol tiene alguna importancia para mí que no sé concretar. Decido hacer la ruta histórica. El punto de inicio está dentro de un edificio destartalado, en ruinas, lleno de chatarra. Delante de mí avanzan unas turistas americanas que no están muy convencidas de que las escaleras sostengan su peso. Yo también pienso que el lugar es peligroso, y antes de empezar a caminar suelto el tenedor con el que iba a comer y que, al parecer, había sostenido todo el tiempo.


CORDONES


A los seis años aún no sabía atarme los cordones de los zapatos. Así que en la hora del patio, si sucedía la desgracia de que se desatasen, tenía que buscar a alguien que me ayudara. Pero no recuerdo haber buscado nunca a la maestra. En el enorme patio, al mediodía, buscaba siempre a una niña de clase para pedirle que me hiciera de nuevo el nudo. No para enseñarme: me conformaba con hacerme cinco nudos continuos mientras la encontraba, y caminaba con sendas trenzas saltando en los zapatos. Sabía que ella sabía atarlos. Y cuando la encontraba, con paciencia ella se arrodillaba y rápidamente hacía y deshacía. El niño de pie, la pequeña madre de rodillas. Se llamaba Elisabet Español. Pasamos toda la vida en el mismo colegio. Una vez, ya mayores, nos enfadamos por una tontería y nunca más nos hemos vuelto a hablar.