LOGIA NEGRA




Vendrá otro año
en que otros pies
recorrerán el mármol
del templo siguiendo
un sueño inacabable
de substitución.


TORRE



Los paseos están llenos
ahora de casualidades
que no quieren ser molestadas.

El giro del año se mantiene
en pie como una torre afilada
que divide lo bueno y lo injusto.

En un día cercano, encontrar
un principio no será más.
Llamar cosa a esta situación

sí será del todo preciso.
Después de unos años,
bajo las manos que aspiran

a volverse inocentes
y lavarse de encima la inercia,
la guerra esperará intacta.




PRISMA



Me acuerdo de ti esperando
en el pequeño balcón, y cómo
la parte más blanca de la noche
te hacía pensar en un estado
más claro y distinto de las cosas,
en mañanas livianas y pájaros
altos que buscaban algo al norte.
Y de cómo dejaste de ser
quien eras una y otra vez,
como si fueras una marea,
y luego volviste a ser el otro,
una marea sin hilos,
libre sin el peso de la luna.
Hasta que ya no debías
nada a ti, ni a mí, ni a la noche blanca.



MÍRMEX (1)



Es la vieja historia
termita contra madera.
Resistiré sólo
un número limitado
de intentos de entrar,
unos cuantos émbates
contra la fragilidad.
Tú serás múltiple
de muchas bocas
y tienes siglos libres
para atacar mordiendo
las distintas piezas,
mientras me tienes detenido
en la alfombra, donde
las marcas de mis patas
retienen debajo el color
original de la alfombra.


Un poema de Tomas Tranströmer

(trad. de Roberto Mascaró)


DE MARZO DEL '79

Cansado de todos los que llegan con palabras, palabras, pero no lenguaje,
parto hacia la isla cubierta de nieve.
Lo salvaje no tiene palabras.
¡Las páginas no escritas se ensanchan en todas direcciones!
Me encuentro con huellas de pezuñas de corzo en la nieve.
Lenguaje, pero no palabras.



ÓMPHALOS




No. La tierra se extiende grandes trechos
y acaba en el agua, las aguas
prosiguen hasta tocar continentes.
Así educan a caminar a la gente.
No: el círculo del mar
está siempre delante,
en cualquier lugar, y tu casa
se levanta sobre un ombligo
no exactamente en el centro,
inadvertido por las brújulas.


Douce campagna of that thing



                                                                                                Para Andrés


Rodea los muros de la ciudad
como un lobo en la nieve
o es la ciudad quien lo cerca
tratando de entender.

No ha dejado de extenderse
la dulce campaña de sí mismo,
reclutando, acumulando caras
en torno al fuego. Se sabrá

en cualquier minuto.
'Mi corazón está aquí':
tocándose la frente

el poeta se dará todo
eso que las puertas rechazan dar
y por ley es suyo.


Beso


beso 3. m. Golpe que se dan las cosas cuando se tropiezan unas con otras.

LEAR




Las hijas duermen. Sus cabezas en fila
son expuestos dientes de león
que ya superan la muralla.

Despertarlas, inventarse una luz
que las devuelva al lado incauto,
antes que aprendan a soltarse.


Sueño del 25 de noviembre de 2013


Acompaño a Robert de Niro a su piso en los apartamentos Bofill, cerca de Manuel Girona. Me exclamo, riendo, de que viva allí, en Barcelona. Nos despedimos. Para volver a mi casa debo atravesar grandes fincas custodiadas por perros. No sé si es legal caminar por allí pero es el único camino. Mientras paso por el césped de las propiedades, me asaltan algunos perros, pero sé que si camino recto y los ignoro ellos no me atacarán. Entonces me sale al encuentro un terrier pequeño, gris, al que mi técnica no afecta. Me ladra insistentemente y me muerde las manos. Está acompañado por otros dos animales indefinidos, también agresivos. Si corro, los azuzaré aún más. De repente recuerdo que tengo una navaja. La muestro para intimidarlos pero no funciona. Así que con cuidado la hundo en los costados del terrier. Los seres se detienen, se hace el silencio. El perro yace agonizante. Otro de los animales, ahora una ardilla, está estirada también, a su lado: si se mueve, sus órganos se esparcirán por el césped. El tercer animal, un pájaro quizás, está quieto mirándolos. Me siento mal porque no pretendía matarlos, y ni siquiera recuerdo haber atacado a la ardilla. Velo con ellos, de rodillas, hasta que se hace de noche. La ardilla, que pierde un líquido amarillo, huele al terrier y me dice: 'Ya siento la putrefacción.'

TAIGETO



Genios del monte
Taigeto, atended
a los que no valen
y son expuestos
a frías estrellas
sin vuestro pelaje
ni ropas humanas.

Que los raros sean
así tocados
por el calor
una vez al menos,
en este lugar
donde los ciervos
no ceden a Zeus.


LAS BUENAS MANOS




El liso choque que sale
entre cristales. Eso la luz
devora, y suda.

Polvo escala ambiente
nada también ceñido. Porque
a blancos sueros, como sabes.

Sí, las buenas manos. Ya
recuerdo. El arsenal es donde
respira un poco por debajo.


Un poema de Feliu Formosa


Una fletxa de plata
esborra el temps
entre l'època de l'aigua
plana del llac
i la del pou d'avui.
Costa de treure'n l'aigua
i se'n perd mentre puja
la galleda entre grinyols
de politja rovellada.

Però és una aigua fresca
i neta,
i ara voldria agafar
al vol la fletxa de plata.


          De Al llarg de tota una impaciència (1994)

SALMO



La fuente más pequeña
de Dios tendrá siempre
la plenitud de la uva,

y del pájaro más pequeño
saldrá el primer gemido
que despierte todas las lágrimas.


'Diario de la urraca', de Rodolfo Häsler


El 6 de noviembre en el laboratorio de escritura se presentó el último poemario de Rodolfo Häsler, Diario de la urraca (cuaderno paulista). Participamos la poeta Neus Aguado y yo mismo. Estas fueron las notas que leí a propósito del libro.



URRACA Y CIUDAD

Es un honor difícil resumir el poemario de Rodolfo Häsler Diario de la urraca (cuaderno paulista). Sé que tiene tres personajes recurrentes, que son la urraca, el poeta y la ciudad. Sé que, en el libro, estos tres elementos suceden en relación a una preocupación mayor, que es la creación poética. Me gustaría hablar de todo ello partiendo de la urraca, el elemento más rico y matizado del poemario.
       Un animal, cuando aparece en un poema, puede ser varias cosas. Puede ser el mero animal que su nombre describe, y que se pasea por los versos sin segundas intenciones; o al contrario puede ser sólo un nombre sin cuerpo, un símbolo de un humor, de una idea, de una tradición. Los lobos son la guerra, el ciervo representa a dios, el cuervo anuncia la muerte. Pero también puede convertirse en una tercera cosa: un animal, sí, visto o pensado o recordado, pero convertido en un personaje que desborda el cuerpo que le dio la naturaleza: una palabra que es idea y bestia a la vez. En el caso del libro que nos ocupa creo que los poemas son transitados -atravesados- por los vuelos y los picoteos de urracas reales, corpóreas, pero que también son presagio y visión de otra cosa.
El libro tiene tres secciones: el diario paulista en sí, 'La urraca de luz' y 'La urraca en el cuadro'. En la primera, el paisaje urbano de Sâo Paulo es el escenario donde el poeta descubre este ser interior y exterior a la vez, la urraca. En la segunda, el lugar de encuentro parece ser más bien la mente del escritor, donde la urraca ha penetrado y se expresa con extrañas pulsiones. En la tercera, los elementos anteriores parecen haberse fusionado en una breve serie de pinturas abstractas esenciales, que contienen esencia. Aquí, la reflexión es más impersonal, y la preocupación por el dominio del arte (pintura o poesía) se manifiesta más claramente.
            Volvamos al principio y recorramos el proceso que el libro nos propone, que se abre con estos versos:

           Tengo una urraca que todo lo mira.
           (...)
            En territorio agreste, lejos de mantener la calma
            la urraca se manifiesta, insiste en un vuelo sin laberinto,
            atraviesa el éter y anula el deseo yéndose por el costado,
            (...)
            embauca temprano a su adiestrador.

          El poema se titula 'La urraca lúcida'. Se trata de un pájaro que parece saber más que 'su adiestrador', el poeta que la describe y la crea. Esta urraca observada es también un observador penetrante, es un sentimiento, en la mente del poeta, casi de conciencia universal. Curiosamente, del primer al segundo poema, pasamos de la idea a la palabra:

           La palabra urraca: la leo en el espejo.
           Un liso corte en el cristal ¿qué te propone?
           
       La urraca está en la imagen del poeta ante el espejo, y le plantea un interrogante que él mismo no está seguro de resolver: ¿qué busco obsesionándome con esta palabra? Porque en general el poeta puede tener una idea muy clara de qué quiere hacer en un poema, pero en las ocasiones más felices obtendrá un resultado inesperado.
       A medida que caminamos con el poeta por la ciudad de Sâo Paulo, encontramos más urracas: una que es ciega cuando el poeta está ciego, una carroñera cuando el poeta piensa en la descomposición, otra que huye cuando él quiere marcharse, etc.; y así empezamos a constatar que la urraca y él son uno. Parece que la necesita para hablar:

        Alimenta a una urraca. Crea un alfabeto nuevo
        en su lengua.
        (...)
       deja de hablar y alcanzarás la elocuencia.

       E incluso el ave le enseña la naturaleza del amor:

      Al ver una urraca supiste cuánto se puede
      amar. Esa caricia inútil, un bosquejo de dedos
      que indica un camino ascendente...

    La urraca toma posesión del poeta. Al final del diario en sí (la primera sección) este pájaro es una 'última palabra que procede de lo alto y desciende/ como el rocío sobre los tejados.' Y el poeta debe aceptarla, se impone un saber escucharla, para evitar 'el filo/de la página en blanco.'
      En la segunda sección, como siguiendo la imagen anterior, algo epifánica, la urraca es un objeto de luz:

     Depurando la palabra que escupió en mi ojo,
     una luz apelmazada en el centro de la estancia.

     Es un guiño, por si no lo entiendes.

     Es de luz y, de nuevo, algo quiere comunicar al ojo que quiera acogerla, probablemente al del poeta. En esta sección encontramos fogonazos de dolor. Los versos son más torturados y se menciona explícitamente (si no me equivoco) la muerte por primera y única vez. La urraca ha entrado en el espacio mental del poeta, y así ilumina a la vez que oscurece ciertas partes de él, limpiamente. Transformada en palabra, la urraca revolotea por dentro del poeta, alterando lo que toca, lo que nombra:

       (La palabra, una orden
       bajo el filo de la sequía,
       una azada disemina el rastrojo,
       abajo las tumbas preservan el recuerdo,
       te hundes.

       (La palabra urraca,
       la palabra empuja lejos un sonido,
       pie, gazza, Elster,
       un sonido ensordecedor se antepone a las horas,
       la página consume la tinta de la respuesta.)

       Los graznidos llenan la página, el ruido se transforma en tinta: el poeta ordena los nombres del pájaro en diferentes idiomas, significantes de un sólo significado. Este poema que acabo de leer es, creo, un nudo en mitad del libro, donde coincide el animal con el término que lo designa, para unirse y también empezar a desaparecer.
       Precisamente, en el último poema de esta sección, 'la urraca se va' y 'viene el perro': de nuevo, ¿qué perro es este, qué animal pensado o visto es el perro que queda en la cuneta abierto al fuego de la descomposición? Como si la urraca fuera un alma que deja un cuerpo, cuando se va este perro ya 'no podrá cantar, ni decir, ni escribir'. En este punto, sólo queda disolución y olvido.
       'La urraca en el cuadro' es un contrapunto sosegado a las dos anteriores secciones, aunque no por ello es menos intenso. Efectivamente, los animales se han ido. Quedan los colores del paisaje, una cierta calma de lo consolidado, que se manifiesta en tardes y torres y cipreses. Queda el poeta, una sola cosa con sus obsesiones. La maestría del poeta/pintor nos ha llevado hasta aquí, a la congregación de lo irreconciliable.
       Hemos empezado el paseo que propone el libro con una palabra, urraca, que primero se ha hecho cuerpo y luego ha entrado en nosotros. ¿Qué hacer con su recurrencia? El arte es la respuesta, ya que es la herramienta que nos permite transformar el dolor. Así se lo define en esta sección: 'El punto medio entre lo personal/y lo inalcanzable.' De esta manera conciliamos la obsesión, que puede ser una carroñera o una iluminación: con el trabajo del arte.
       'Última escena', el poema que cierra el libro, nos deja una esperanzada pero estoica noción sobre la creación artística: 'El artista aguarda una decisión. No existe la página oscura.' La página en blanco no es la enemiga del poeta (todas las páginas están en blanco para quien no tiene nada que decir). La oscuridad es el verdadero obstáculo del orfebre, del iluminador. Y en este caso, como buen artesano que conoce su oficio, el poeta Rodolfo Häsler sabrá hacer callar a su oscura urraca o, al menos, hacerla cantar para él.


Con Neus Aguado y Rodolfo Häsler


VUELO


Hay una mancha blanca
en mi uña y no sé
qué significa.

Pero ella tiene
otra, en el mismo dedo.
Acercamos las uñas

y las manchas
se sosiegan,
como dos alas

que encuentran la gaviota,
mitad
cada una de un vuelo irrompible.




FANUM



Entro en tu templo
otra vez, maldiciéndome.
Delimitado por acacias

no es mucho más que un claro
con ramas negras por techo.
Siempre recién iniciado

en tus nombres, renovado
en los oficios a ti, puedo pedir
que también tú

entres en cierto templo
sosteniendo el corazón
como una urna,

derrames el agua y en ella
agradezcas esta imagen,
que seas tú la que allí

repite mi obsesión.



TRIÚNICO



Tres cabezas: tres formas
de perderse por el mismo mapa.
En uno algo reclama vivir,
algo quiere llorar
y algo busca un orden
del que ser el primero.
El peor perro para guardar
una casa, las sinapsis
todas en contradirección,
el destello de sus accidentes
quemando como naves
en el espacio.


'Folk', de Fruela Fernández

    

Folk
Fruela Fernández
Pre-Textos, Poesía, 2013
45 páginas


(reseña originalmente publicada en Quimera nº 355) 










Un paisaje difícil


Cada libro puede pedir, incluso imponer, una poética específica para ser leído. Los textos más extraños (de Joyce, de Mallarmé, de Eliot) habrán requerido esa actitud abierta por parte del lector, con la promesa de que la dificultad estaba justificada. Folk, de Fruela Fernández, pide bastante esfuerzo por parte de sus lectores. Casi siempre lo compensa.
    Folk es un poemario unitario en cuanto a tonos y temas. Hay paisajes verdes y lluviosos, hay mineros en huelga, hay citas en asturiano, todo enmarcado en un ambiente rural. El título del libro es justo: el conjunto de todos estos elementos construye una visión folk de una Asturias pública y familiar. El autor es hábil en el uso de los toques costumbristas, seguramente porque para él no son tales, sino vivencias personales que sólo debe recordar. En la serie de cinco poemas titulada 'Injertos' lo cotidiano se transforma, con naturalidad, en sencilla e intensa poesía: 'Cuando sal tu güelu / vien-y un raitán / a poles migues // Tartamudea / su paso / por el patio // Hay turno / de pájaros // Son los nuestros clientes, ¿no sabíes?' Otros poemas, como 'La bolsa / el fardo' o el que empieza con los versos 'Ciento cincuenta y dos / parados menos / el mes de abril' abordan temas sociales sin una perspectiva comprometida (que tan perjudicial puede resultar para la literatura), sino desde detalles humanos, no abstractos: 'es fácil volverse temporero, / gastando de autobús / la rabadilla, / corvando / la piel / según el plástico.' La imagen es memorable y da una medida exacta de qué significa viajar horas de autobús hasta el trabajo.
    He mencionado antes un esfuerzo de lectura. Los mejores poemas de Folk son aquellos en que los toques de luz y sombra están equilibrados, y una forma algo desdibujada (versos rotos, guiones inesperados, cursivas) va en consonancia con el tono alusivo del total. El poema que abre el libro es un buen ejemplo y empieza con estos logrados versos: 'Aquí donde dicen / marzo al cuervo / y septiembre al centeno, // donde la nieve deja el trazo / de una guerra en pausa / y las hormonas del hielo vienen a cubrir la arena.' Vemos un lugar y captamos un sentimiento. Cuando el poema acaba con 'nuestro abrazo / dormido', no nos preguntamos de quién es ese abrazo: hemos entrado en el humor de la imagen y no hace falta saber más. Sin embargo, otras veces parece que el autor ha intentado esconder su tema como tras un plástico, especialmente cuando la versificación o la sintaxis rota provoca la dispersión de ideas e imágenes. Pienso en 'La rodilla del rey': 'El sol es artesano // Pie Leve, Hecho Justo // El sol da un vale de carbón // Tuerto de mortero / anda en la playa, tras la cerca, entre el alambre.' El lector mejor dispuesto puede verse confundido por rarezas que corren el riesgo de parecer injustificadas. Un poema puede entenderse de muchas maneras, y la manera lógica es sólo una; pero los recursos de un poema han de servir para dejar una impresión, no para obstaculizarla. Es decir, si escribir con rodeos y alusiones no favorece el resultado, entonces quizás el poema necesite otra forma.
    El poema en prosa 'Cuatro de interior (cuaderno)' es un emblema de los registros que el libro trata de manejar. A través de unos párrafos aparentemente inconexos se sugieren fragmentos de una realidad opaca y sólo entrevista primero desde una habitación y luego en la calle. El resultado es ciertamente sugerente pero también un poco desigual. Frente a impresiones potentes como estas: 'Orbaya. Golpea. En la capota de plástico que cubre el tendal. Sobre restos de pájaro. Contra el cedé que mueve la cuerda de la ropa. Abajo, una canción. La misma.', hay otras que se desvanecen: 'Ya ves, la dieron un tirón con una moto. Donde Mar de Cristal. Microfichas. Un rasquido, un centrifugado. Bosteza. Con precisión. Tos de la tarde.'
    Folk es el diálogo privado que un observador mantiene con su pueblo, diálogo al que asistimos a veces sin captar del todo las referencias personales, o sin saber cuándo estamos ante una. El conjunto es sugerente y original, y deja sentimientos encontrados. Vale la pena esperar el próximo libro de Fruela Fernández: ser difícil es un arte difícil.

Flami


flami. Vel de color de foc que duien les núvies de la Roma antiga.

Sueño del 21 de septiembre de 2013

Trabajo en un dibujo que combina lápiz, pintura y maquetas. Trata de un ahogamiento en plena noche. Dibujo la superficie del mar nocturno, y añado un pequeño remolino de espuma blanca que indica donde ha caído el hombre ahogado. Entonces dibujo burbujas en orden descendente que se van agrandando hasta llegar a la boca de la víctima. Dibujo su cabeza sin considerar la perspectiva, más grande, como más cerca del espectador. Pinto las aguas de azul oscuro. Añado, a la derecha de la escena, unos acantilados hechos de cartón. De alguna manera están insertados en el dibujo. Las aguas tienen también cierta entidad física y se mueven según la marea. El vaivén cubre y descubre la parte baja de los acantilados, revelando grutas y rocas escarpadas. Pienso: 'Queda bien que la roca se vea mordida.'




PÓNTICA



A menudo he hablado contigo
bajo el gélido cielo, y te he contado
cómo querría que fueran las cosas.

Quizás escoja palabras impropias
o no conozca el orden que prefieres;
pues aunque no estés, puedo sólo
imaginar que callas y te vas, sereno
como un arroyo hacia la noche.


Lengüear

lengüear


1. tr. ant. Espiar, seguir a alguien, preguntando, tomando lengua o noticia de él.

Un poema de Seamus Heaney

(original aquí)


EL OTRO LADO


            I

Hasta los muslos en juncos y caléndulas
un vecino proyectó su sombra
en el arroyo, asegurando

'Es tan pobre como Lázaro, ese suelo,'
y se esfumó
entre el follaje sacudido:

yací donde sus prados se derramaban
hasta tocar nuestro barbecho,
anidado en musgo y cañas,

mi oreja tragando
su fabuloso, bíblico rechazo,
esa lengua del pueblo escogido.

Cuando se paraba de esa manera
en el otro lado, canoso,
sacudiendo con su bastón

las hierbas pantanosas,
profetizaba sobre nuestros ásperos acres,
luego se giraba

hacia sus prometidos surcos
en la colina, una estela de polen
flotando hasta nuestra ribera, cizañas del año siguiente.


            II

Durante días practicábamos
cada dicho patriarcal:
Lázaro, el Faraón, Salomón

y David y Goliath rodaban
majestuosamente, como cargas de heno
demasiado grandes para nuestros pequeñas sendas,

o flaqueaban en un surco-
'Vuestra parte de la casa, creo,
apenas se rige por el libro.'

Su cerebro era una cocina blanqueada
donde colgaban textos, en orden y barrida
como el cuerpo de la iglesia.


            III

A veces cuando el rosario se dilataba
lúgubre en la cocina
oíamos sus pasos girando el gablete

aunque hasta después de la letanía
no llegaría el golpe a la puerta
ni el silbido casual alcanzaría

el umbral. 'Hace buena noche,'
diría, 'estaba paseando por ahí
y he pensado, ya que estamos llamo.'

Pero ahora estoy detrás de él
en el patio oscuro, en el lamento de las plegarias.
Se mete una mano en un bolsillo

o toca una canción con el bastón
tímidamente, como si fuera partícipe
de hacer el amor o del llanto de un extraño.

¿Debería escabullirme, me pregunto,
o levantarme y tocar su hombro
y hablar sobre el tiempo

o el precio de las semillas?


Is he to be reached? He's not to be reached


ETÉREA




De todas las clases de silencio
el que más se agradece
si hace sol
es el del viento contra las hojas.
El viento,
cuando repetido en las manos de las hojas,
se hace común
al momento presente
y a cualquier siglo ya en ruinas,
como un hilo que ensarta
con esta sensación
tan privada en apariencia
a todos
los que han visto y han buscado
bajo los árboles
una postura contra el ruido.


Magenta

magenta (Del it. magenta, por alus. a la sangre derramada en la batalla de Magenta, 4 junio de 1859, porque este color se puso de moda después de esta).


1. adj. De color rojo oscuro.