That box you gave me burnt nicely




Q: What does 'Zimbo' mean?
A: It's an anagram of 'mozib', an old African word.
Q: What does 'mozib' mean?
A: 'Zimbo'.

EL RECITAL



Siéntate. En la madera del piano
las velas borrosas se fijan
pero las caras no producen reflejo.

No oigo ninguna de las notas.
¿Cómo es que puedo entender esto?
Más de doscientos años atrás

uno lanzó su música doscientos años
adelante, por encima del fuego y del árbol.
Llevábamos siglos sentados.

Música que deja todo en blanco:
¿has venido a librarme de mí
o a compartir la mitad de mi peso?


MÍRMEX (4)




Ella ha estado aquí
a millones,
caminando sobre sus dedos
numerosos para hundir la tierra.

Lo prueban los nidos
caídos del responsable pájaro,
los postes por la acera,
las muchas cruces esparcidas.


EL ACERTIJO



Me cuento entre las cosas que no            
se resisten a perder su estado

porque mi lugar es el suelo
y coronar un azul más hondo

y más alto es obra de ciervos.
Vivo entre las manos de otros,

pasajero en sus cestas pasajeras
que me llevan como regalos

a una dinastía incierta. Soy
como una fruta que se pudre

y regenera constantemente
pero hecha de larvas doradas

que dentro de mí esplenden
exasperando a quien las use

como guías en el cielo. Soy la clase
de acertijo que es igual a quien lo dice.




Un poema de Antonio Gamoneda




Tu cuerpo silba bajo los arándanos. ¿Insinúas la libertad de las bestias protegidas
  por conducta de los vientos?

Líbrate de la libertad antes de entrar en mí.

Tú eres veloz y oscura entre los arándanos encendidos; eres profunda y bella como
  un rostro en el agua; tu piel es dulce. Pero mi lengua es sagaz

y tus oídos escuchan sin misericordia.


El silencio y sus círculos, el ácido que depositas sobre mi salud,

la suciedad hirviendo dentro de mi alma;

éste es el precio de la paz. Acuérdate.



ESQUELETOS



Bebed la infusión de la noche.
La notaréis ocupando las raíces del cuerpo
templando la carcasa.
Rechazad la comida: la casa
no está hecha para guardar
por mucho tiempo noticias del exterior.
De hecho, no comáis más.

Vosotros sois conocidos sin cara.
Pienso que en una habitación
cada uno levanta su taza conmigo
y piensa: esto se acaba aquí.


DISTANCIAS



Tengo diferentes padres,
en el sol, en la montaña, en los ciervos,
pero no los conozco.

Si voy hacia el sol
la piel se vuelve líquida y muestra
las cosas miserables del cuerpo.

En la montaña ante otras montañas
soy como la idea ínfima de una mente
que olvida sus ideas al despertar.

Si allí me pierdo como animal
los ciervos se lastiman los vientres
con las zarzas huyendo de mí,

saltan a izquierda, a derecha,
y no son el grupo de iguales
que, como animal, buscaba.




Tres versiones de ciervo

1



2



3

La fuente

 Cuando el ciervo vuelve
a la fuente, el blanco
quieto del agua

ya no está. Sólo el cobre
de unas monedas
resiste en sus ojos.

El agua, las manos
que dejaron las monedas,
sus deseos o costumbre,

fatigan un poco al ciervo.
Tampoco tenía
tanta sed para empezar.




AURORA



Una mano pasa un algodón
por tus mejillas hasta teñirlo
de gris oscuro.

Una habitación te sostiene
en una quietud de lámparas,
hasta la parálisis.

Y en la fuente
donde deberías haber bebido

la aurora no sucede,
hasta que se topan los lobos
con el canto del gallo.



Sueño del 4 de julio

Estoy en un piso a oscuras. Sé que mi nombre es Peter Kane y que estoy afectado por una maldición indefinida. Salgo a la escalera, que está bajo una penumbra azulada, y me acerco a la puerta del piso justo de delante. Doy un par de golpes con las palmas abiertas, enfadado, y oigo: ‘Feliz cumpleaños una vez más, Peter Kane.’ Odio esa voz, que me recuerda lo que hay tras esa puerta: un piso encantado, con cadáveres, cruces de David y restos de sangre. Una vez estuve en ese piso y lo que vi me atormenta cada cumpleaños. Me alejo furioso y asustado. La voz dice: ‘Naciste de una madre viva y de un padre muerto, y tú no estás ni vivo ni muerto.’ Con la idea de huir lo más rápido posible, me lanzo por el hueco de la escalera. Mi cuerpo es intangible y en la caída las barandillas no me tocan. 

Sobre 'Dices', de Eduardo Moga

Ayer lunes 7 de julio se presentó el nuevo poemario de Eduardo Moga, 'Dices'. Estas son las notas que leí a propósito.

**

Voy a intentar definir qué es Dices en pocas palabras. Se trata de un solo largo poema en el que una persona llamada Eduardo habla consigo mismo sobre su incapacidad de decir lo que debería decir. El diálogo, o más bien monólogo (puesto que sólo oímos una voz aunque adivinemos dos personajes) fluye torrencialmente pero no en desorden. El rasgo más atípico es que de vez en cuando lo interrumpen transcripciones literales de palabras dichas por políticos y personalidades de la derecha.
Una forma de acercarse es imaginar la siguiente escena. Un hombre duerme. De fondo, la televisión encendida da las noticias. Las declaraciones de los políticos y las crónicas de desastres siguen entrando en el hombre y se van mezclando con los propios pensamientos, en una especie de sueño lúcido o reflexión sonámbula. El hombre, sin despertar del todo, se examina, valora su actos y sus palabras del día, que reflejan fatalmente esos actos; a la vez, el mundo –en concreto el pobre mundo público de la España actual- es filtrado por su conciencia. En ambos casos, la criba no deja lo valioso (el diamante, digamos) sino el barro, la suciedad, la duda.
               Esta descripción se ajusta al aspecto del poema sobre la hoja: un ancho río de largos versos interrumpido por declaraciones de Cospedal, Aznar, Mayor Oreja. Como se adivina, estas declaraciones recogen lo peor de cada una de estas bocas, sea por su intolerancia, estupidez, incapacidad comunicativa o por su tendencia descarada al odio. Y aquí reunidas, producen una sensación de asco y  desánimo, y hasta de sorpresa: todas juntas muestran una miseria de pensamiento que, vista de lejos y a bocaditos, no parecía tan profunda. Al margen de que conozcamos o no cómo Aznar, Aguirre o Rajoy han cambiado el curso de la vida de España (es decir: sus actos), el elemento destructivo de sus palabras es en Dices lo que primero se pone de manifiesto. Podría darnos igual lo que digan los políticos, que por su oficio están obligados a expresarse por mentiras y exageraciones; pero hay que ser conscientes de que sin querer hemos estado escuchando o leyendo esas mentiras y exageraciones toda la vida, y que precisamente por eso nos hemos acostumbrado a la perversión de la palabra. Las palabras nos llegan carcomidas por esas bocas, a través de esas bocas. Como al hombre dormido pero de conciencia despierta que mencionaba antes, nos han invadido con tergiversaciones y aproximaciones, de manera que ya no es posible saber qué es verdad, o ya no importa.
La caída en desgracia de la palabra pública en Dices se corresponde con la insatisfacción que produce la palabra privada. La voz que habla desde la intimidad del poema suena cansada. De entrada no reconoce su nombre, como si el nombre propio (en este caso, Eduardo Moga) fuera un pseudónimo que uno debe sobrellevar. Cito:
               Cuanto dices es otro quien lo dice: tus labios te desamparan, Eduardo; tus labios desconocen tu nombre.

Esta voz, esta conciencia, es física y parece ocupar espacios concretos dentro del cuerpo humano; es orgánica, se ensucia, viaja por los intestinos y las venas, se mezcla con pelos e insectos:
Tu boca es tu sexo, Eduardo: puja, inflamada de sangre; eyacula saliva.
O:
Dices, la boca dice, tu descomposición habla como si te estuviera moldeando, como si introdujera en tus articulaciones flores de metralla, como si arrancara de ellas partículas de mundo, asuntos espectrales.

La boca física y la boca interior se mezclan de Dices, de manera que la palabra falsa o insuficiente puede materializarse en yagas o heridas o putrefacción. Por eso, la articulación de la conciencia que se oye en el poema está también sujeta a los cambios del tiempo, como cualquier otro cuerpo, y sufre el proceso de la muerte como un ser vivo. De hecho, es recurrente la asimilación de boca y tumba, puertas que guardan una gran nada. Cito:
De la boca a la muerte solo hay un paso: ambas son cavidades; ambas transportan a un lugar sin lenguaje, a una humedad abrasadora.

¿Por qué esta incapacidad de decir? ¿Por qué la persona que habla en el poema sólo saber decir lo que no quiere decir? En parte es a causa de lo que oye que, en el contexto de este poema, son esas voces ridículas de políticos y personajes mintiendo, instigando al odio, con bocas llenas de podredumbre:
Pero, Eduardo, lo que dices en este instante de silencio, y lo que dice el mundo con estruendo equiparable, es idéntico: un caer en el nombre, como un tronco que rodase hasta un suelo abstracto, y un emerger del nombre, como la llama emerge del cadáver. Todo confluye, pues, en este estar atormentado, ...

Se dice nada porque se oye nada. Obviamente, en Dices esta identificación entre la pobreza de lo oído y la insatisfacción de lo dicho está llevada al extremo. Pero el principio de que uno debe escuchar para poder hablar y que un mensaje asimilado puede condicionar a un mensaje aún por gestarse persiste y es aplicable en todos los ámbitos de la vida. No olvidemos la exposición que nuestros cerebros sufren; almacenan mucho más que palabras cada vez que una idea corrompida los toca. Si miras en el abismo, el abismo mira en ti, por mucho que seas consciente de que no quieres formar parte de él. Incluso, el Eduardo del poema llega a decir: ‘Este poema es un engaño.’
De manera que, en Dices, el examen profundo de uno mismo revela principalmente su peor parte, dejándolo todo a oscuras. ¿Qué nos queda de todas estas ruinas? Yo creo que al menos dos cosas muy importantes. Por un lado, Dices es implícitamente una afirmación del poder de las palabras. La boca, el supuesto emisario del pensamiento, es tratado como un chivo expiatorio de la propia incapacidad de nombrar la verdad y hacer que los actos se ajusten a ella. De hecho, la palabra es el primer acto del pensamiento, el primer puente hacia la realidad, y en Dices se reconoce un fallo inescapable ya en este primer intento de conexión. Sin embargo, de ello puede deducirse que si la boca y la conciencia ideal supieran reconocerse mutuamente, la palabra cambiaría el mundo: si tiene el poder de destruir (los ejemplos abundan en el poema), potencialmente tiene el poder de crear. Al hablar quizás no se actúa físicamente sobre la materia pero claramente sí se altera la percepción que tenemos de ella. Eso es una forma de cambiar de nuevo el mundo. En ese sentido entiendo la necesidad angustiosa de otra boca, la escondida, que pueda corresponder los anhelos de la conciencia que nos habla, que conjure ( y cito):
el peligro de que la casa se caiga, para administrar la alegría de que la casa se caiga, y de que, de los cimientos abruptamente expuestos a la luz, como una vagina exhumada con ardor, surja otra luna, otra boca, otro Eduardo, otra palabra, Eduardo, que condiga con tu inmarcesible disolución, y permita a tu cuerpo rebasar los huesos, y los vasos sanguíneos, y la placenta de que careces, para alcanzar, más luminosamente, la gloria de la destrucción.

La destrucción y la creación suceden a la vez, o así se conjetura.

               Por otro lado, no diré que Dices es un camino hacia la iluminación pero tampoco es inverosímil decir que al menos nos encamina. Conocerse a sí mismo es sabiduría superior; el autoconocimiento puede tomarse como un principio de aceptación: si somos capaces de detectar lo malo, quizás podamos trazar una línea y separarnos. Ya habréis notado las repeticiones constantes del poema: dices, Eduardo, tu boca, Eduardo, oyes. Esta estructura de mantra convierte las palabras repetidas en una especie de cuentas, de rezos, que poco a poco pierden el significado. Consecuentemente, la idea de silencio como conclusión es casi inevitable, y así acaba el poema:
Dices, y un cordón de sílabas te ata a lo que se extingue.
Dices, y solo oyes tu nombre.
Dices, y ni siquiera tu nombre sobrevive.
El silencio te sustituye.
El silencio, Eduardo.
El silencio.


 Con la respuesta ‘El silencio’ parece que Dices acabara un poco antes de realmente acabar, con la palabra que indica ausencia de palabras. No se trata de un silencio que refleje incapacidad, sino abundancia: escoge callar el que tiene cosas que decir, quiera o no decirlas. Es un silencio bien entendido, el silencio del que, para bien o para mal, sabe.


Sueño del 30 de junio de 2014




Estoy en casa de mis abuelos. La última habitación del piso, que de pequeño era la de los juguetes, está llena de arena, en permanente oscuridad. Como tengo el firme deseo de desaparecer totalmente, según me voy repitiendo, sé que debo ir allí. Abro la puerta y entro en la arena negra. Me voy moviendo y, a pesar  de que la habitación conserva sus dimensiones normales, no soy capaz de dar con las paredes. Siento un poco de vértigo y frío en los pies, hasta que por un escrúpulo indefinido (un recado pendiente, miedo a perderme en el infinito) decido salir de la habitación.


Presentación de 'Dices', de Eduardo Moga



Será el lunes 7 de julio a las 19h. Os esperamos.