Contratiempo, de Edgardo Dobry

[reseña publicada en Puentes de Crítica Literaria y Cultural, núm. 3, diciembre 2014]


Contratiempo
Edgardo Dobry
Adriana Hidalgo editora, 2014
96 páginas


El mundo como invención

 En una habitación, un hombre piensa en el mundo. Lo conoce pero prefiere imaginarlo a su manera, mezclando referencias literarias con apuntes familiares. La mitología y la historia participan selectivamente de su invención. Este hombre se dejar llevar por el instinto y da por buenas asociaciones de ideas no siempre explicables. La distancia respecto a todo (el humor) le hace saltar de una visión a otra con relativa facilidad, sin necesidad de distinguir, con títulos por ejemplo, los límites. Le interesan los libros famosos y los desconocidos, mezcla los mapas, desacredita a los poetas. En definitiva, usa todo aquello que sirve para su creación.
     El resultado de todas estas combinaciones podría ser Contratiempo, un poemario lleno de energía que a pesar de su aparente arbitrariedad no deja sensación de caos ni de extrañamiento. Justamente gran parte de su efectividad es dar con la fórmula idónea en cada caso para expresar con claridad ideas raras, a medio camino entre lo casual y lo artificioso: 'Pero un destino, ¿así puede cambiar? / Y si cambia, ¿cómo distinguirlo del arcaico? / Qué lógica aplicable, deducir. / Una noche en blanco, para la misma edad, // vio el tendón de un rayo / sobre las baldosas en el patio, / anfibio a sangre fría, // sin ruido o sin ruido lo recuerda.' En estos versos, las imágenes no son puramente visuales, ni las ideas (el argumento del poema, digamos) sólo mentales o discursivas. La conjunción de ambos movimientos beneficia al poema, espontáneo en la expresión de una complejidad.
     El dinamismo de estas fórmulas hace tolerables situaciones que muchas veces no ofrecen referentes claros. Un poema empieza: 'Era algo como de la ciudad / se sale sucio. Otras novedades no / ni sabemos si fue según previsto. / Eso de entretenerse en los sistemas, // buscar la fuerza de acémila en la sangre...' El verso libre es aquí un recurso bien aprovechado, puesto que favorece la apariencia de reflexión casual en la mayoría de poemas. Por eso, Contratiempo es, y contiene, mucha literatura en el mejor sentido: aquella que se combina con la vida. No hay poses y los poemas fácilmente pueden parecerse a una persona, sea o no su autor. La sensación de realismo (no de realidad) propicia la conexión entre lector y la esencia del poema, por esquiva que a veces pueda ser. Se podría objetar que justamente las menciones expresas a la literatura (por ejemplo, las bromas sobre Faetonte -'me llevo el auto'-, MacBeth o Kant) suenan algo distanciadas y eruditas, ya que el chiste no funciona sin la referencia. Los momentos más brillantes del Contratiempo suceden cuando toca escenas cotidianas, alteradas para siempre: 'Entra en la verdulería e imagina / cada fruta en su árbol -entra-, / cada árbol en su huerta'; o 'Me gustaría que vinieras, / claro, pero si estuvieras acá / quién iba a mandarme cartas.'; o esta estrofa tan certera: 'Y a la noche a los chicos les decías: / póngase el pijama, lávense los dientes; / y a la mañana a los abuelos les decías: / póngase los dientes, lávense el pijama.' Si al vivir situaciones así se recuerdan estos versos, es posible que no se olviden más.

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